Orlando Aguirre, lavandería a domicilio

Foto: Rodrigo Sepúlveda / Cambio

Pocos días después de cumplir 16 años, este vallenato decidió ingresar a la guerrilla. Creía en la revolución para acabar con la pobreza y la iniquidad, y pensó que podía lograrlo empuñando las armas. Se enroló en las filas del bloque Caribe de las Farc  y combatió durante 17 años, al cabo de los cuales decidió volver a la vida civil.

'El Costeño', como lo llaman sus amigos, abandonó la lucha armada porque se desilusionó de sus jefes y del curso que tomó la guerrilla. "Las Farc se aburguesaron y se dedicaron a hacer plata a costillas nuestras -asegura-. Por eso me desmovilicé".

En 2004, un año después de su reinserción, volvió a las montañas pero esta vez sin traje de campaña y sin el peso del fusil que había cargado tantos años.

Llegó a las empinadas colinas del barrio Santa Rosa, en San Cristóbal Sur (Bogotá), para comprar la casa donde hoy vive con su mujer y sus hijos. Poco después, su esposa, también desmovilizada de las Farc, lo convenció de recibir un taller de ebanistería que ofrecía la Alta Consejería para la Reintegración, y como resultado acabó restaurando y arreglando muebles de madera de los vecinos.

Con los pesos que hizo compró una lavadora de ropa para alquilarla por horas a la gente del barrio. Empezó con una máquina y hoy tiene cinco lavadoras, un Renault 12, casa y educación. "Estoy terminando quinto de primaria pero la materia que más me friega es inglés, pues a duras penas hablo español", dice y despliega una enorme sonrisa.

A los 36 años, su vida sigue una rutina que cumple religiosamente: comienza a las 4:00 a.m., cuando se levanta para llevar a sus hijos al colegio y espera las llamadas de los vecinos: "Cuando aparece un cliente me echo la lavadora al hombro y la instalo donde me digan -cuenta-. Una hora vale 2.000 pesos y dejo las tres horas en 5.000. A las 5:00 p.m. dejo los aparaticos en la casa y me voy para el colegio a recoger a mis hijos". Dice con orgullo que ellos le están siguiendo los pasos y que espera que en el futuro puedan seguir con el negocio.

Y en cuanto a su militancia en las Farc, desencantado solo atina a decir: "El camino no está en las armas".

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