Hubo avances importantes en el reconocimiento de los derechos de las etnias, las razas, las mujeres, los jóvenes y los homosexuales.
"L o que los nuevos movimientos sociales y las minorías -las etnias y las razas, las mujeres, los jóvenes y los homosexuales- demandan, no es tanto ser representados sino reconocidos: hacerse visibles socialmente en su diferencia", asegura el investigador Jesús Martín-Barbero. Y es esto, precisamente, lo que refleja el espíritu garantista de la Constitución de 1991 y lo que una década después ya ha ganando terreno y echado algunas raíces, gracias a la legislación que ha introducido instrumentos para que los colombianos ejerzan y exijan el cumplimento de sus derechos en forma más activa.
Dentro de este espíritu según el cual todos nacen libres e iguales ante la ley, y tienen derecho al libre desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico, en Colombia se registran importantes avances en materia de derechos de las mujeres y de los homosexuales, y un reconocimiento tácito de que el concepto de pareja y familia ha cambiado y se ha hecho más amplio. Al fin y al cabo, más del 30 por ciento de las familias colombianas tienen como cabeza a una mujer.
Hoy la gama de familia es muy variada: biparental, monoparental, ampliada; sin hijos, con varios hijos, con hijos adoptados, con hijos de los dos miembros de la pareja más los propios; parejas del mismo sexo con hijos anteriores de uno de los miembros de la pareja o con hijos adoptados de facto y no en forma legal... En fin, las combinaciones son múltiples y todas funcionan como familia. El hecho de que el ICBF haya modificado su imagen simbólica de padre, madre e hijo, y tenga ahora una que incluye más figuras, indica la aceptación de las nuevas realidades sociales.
Revolución gay
La primera década del siglo XXI no solo registra dramáticos cambios en la composición de la familia -algunos como consecuencia de la violencia que ha dejado a millones de niños sin padre-, sino también la pérdida de validez universal del matrimonio y de la sexualidad con fines exclusivamente reproductivos. "Una manifestación muy propia de esta década es que muchas parejas han decidido no tener hijos y no como una falta o una falla, sino como una elección de vida", afirma el psiquiatra Ricardo Aponte.
No pueden desconocerse los enormes avances en materia de derechos sexuales y reproductivos de la mujer, como resultado de la lucha del movimiento feminista en el siglo pasado, como es el caso de la despenalización del aborto en tres circunstancias: violación, grave malformación del feto y riesgo para la vida de la mujer.
Pero la revolución más grande tiene que ver con los derechos de los homosexuales -han logrado que les reconozcan el derecho a la seguridad social y a heredar de la pareja- y con el debate hoy sobre el tapete sobre la posibilidad de adopción por parte de parejas del miso sexo. Las prácticas sexuales condenadas social y legalmente en el pasado, han entrado a formar parte de las opciones que tienen las personas y que practican según sus preferencias.
Una encuesta de Universal McCann, revela que el 62 por ciento de hombres y mujeres menores de 30 años han salido del clóset. "Detrás del concepto del libre desarrollo de la personalidad consagrado en la Constitución, está el reconocimiento de la diversidad sexual -asegura Marcela Sánchez, de Colombia Diversa-. Este derecho no puede verse en forma aislada sino vinculado a la igualdad y autonomía del cuerpo, porque la sexualidad no puede limitar el ejercicio de otros derechos como el acceso a la educación, al trabajo y a la convivencia en pareja". En este sentido, el Ministerio de Educación tiene un programa de educación basado en el respeto a la diversidad sexual, y Bogotá, Medellín, Santander y Cesar tienen planes de desarrollo incluyentes.
También figuran dentro de la lista de avances y pese a las objeciones morales de algunos sectores, el derecho a morir dignamente, justificado en que los conceptos de libertad y dignidad no son los mismos para todos.
Tareas pendientes
Pero si bien hay avances significativos en materia de reconocimiento de los derechos individuales, su aplicación y cumplimiento dejan mucho que desear. Así ha quedado en evidencia en casos de aborto, negado en varias oportunidades por entidades de salud amparadas en la objeción de conciencia colectiva que no está contemplada en la legislación. Y en cuanto a la diversidad sexual, algunas ciudades tienen manuales de convivencia que condenan el homosexualismo. Ni qué decir de la eliminación de todas las formas de violencia y discriminación en contra de las mujeres, aún lejos de ser una realidad extendida.
En resumen, puede decirse que los primeros 10 años del siglo registran avances en el campo de los derechos y las libertades individuales, pese al giro hacia la derecha de los dos gobiernos del presidente Uribe, que ha mostrado su talante conservador cuando, por ejemplo, apela en los discursos a la religión, insiste en la penalización de la dosis personal de droga, pide aplazar el 'gustico' o se opone al matrimonio de parejas homosexuales. Son posiciones que riñen con los lineamientos de una Constitución pluralista, garante de la libertad de conciencia y ajena a confesiones religiosas, y que es defendida por amplios sectores sociales que no están dispuestos a desandar el camino recorrido.
Por Dominique Rodríguez,
editora cultural de CAMBIO