Los desatinos de quienes han predicho el Apocalipsis

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Los predicadores del fin del mundo están de vuelta y los crédulos ya andan comiendo cuento. La teoría apocalíptica de moda ahora llega en versión étnica: así como en el pasado el misterio del futuro residía en los números ocultos de la Biblia, en la actualidad habita en las cifras secretas del calendario maya.

La creencia popular de esta era plantea que el fin llegará cuando las cuentas del tiempo de aquella cultura mesoamericana complete 13 ciclos baktunes, lo que en buen cristiano significa que todo esto será historia el 21 de diciembre de 2012. Algunos gurús del tema han reforzado el argumento con profecías tomadas de aquí y de allá -desde la Biblia hasta la tradición oral de los indígenas hopis, de Norteamérica- que supuestamente también anuncian que un gran cambio comenzará a producirse en tres años.

Como ya es costumbre en estos pronósticos, el actual viene en interpretación radical -se avecina el acabose- y en versión 'descafeinada' -será un "cambio de era"-. El desarrollo de este Apocalipsis, por cierto, es parecido al planteado por los predicadores que en otros tiempos se basaron en las Escrituras: primero llegaría el caos y luego los tiempos de paz y armonía.

Como no son pocos los que se están tomando a pecho el anuncio, estudiosos de la cultura maya han salido a desmentirlo. "Que yo sepa, ningún erudito reputado cree que el calendario maya predice eventos terribles en 2012 -dice a CAMBIO el periodista científico Charles Mann, autor del libro 1491: La historia de las Américas antes de Colón-. Este es simplemente el fin de un ciclo, del mismo modo que el 31 de diciembre marca el fin de un ciclo en el calendario cristiano".

CAMBIO hace un repaso a varias profecías que en el pasado también fueron trampas para incautos.

Nos trabamos

Las enrevesadas profecías de Miguel de Nostradamus (1503-1566) han dado pie para todo, pero en especial para estimular la mente de charlatanes. Entre sus cuartetas proféticas, la LXXII anunciaba: "El año mil novecientos noventa y nueve, siete meses, / Del cielo vendrá un gran Rey de terror (...). Muchos la leyeron como un anuncio del fin del mundo, lo que significaría que al día de hoy la humanidad lleva una década existiendo de ñapa.

Con base en esta profecía y otras de santos, el científico ruso Vladimir Sobolyovhas anunció en 1997 que el eje de la Tierra se inclinaría 30 grados durante los dos años siguientes y como consecuencia habría diluvios en los países escandinavos y en Gran Bretaña. En la misma línea, Stefan Paulus, autor de Nostradamus 1999, anotaba que en septiembre de ese año un meteorito chocaría con la Tierra y provocaría terremotos, tsunamis y toda suerte de daños que finalmente causarían hambrunas. Un dictador islámico declararía la guerra a Occidente y la Tercera Guerra Mundial comenzaría en 2002. En 2030, apenas un tercio de la población mundial estaría viva.

Aunque los centenares de anuncios fallidos basados en Nostradamus habrían dado pie para enterrarlo de una vez por todas, ahora sus acólitos han corregido los cálculos y establecido que el fin del mundo será en el 3786 o en el 3797; años suficientemente lejanos como para evitar el riesgo de hacer 'el oso' otra vez.

La culpa fue del sistema métrico

Como si el fin del mundo no fuera una cuestión de hechos sino un capricho del sistema métrico, la llegada del año 1000 produjo un pánico tremendo. Algunas tradiciones cristianas planteaban que con su llegada comenzaría el Juicio Final en Jerusalén, por lo que a lo largo del año 999 fanáticos de Europa emprendieron el peregrinaje a Tierra Santa. Efectivamente, fue el fin del mundo para muchos: los que no murieron durante la travesía se quedaron con los 'crespos hechos' en la cúspide del monte Sión -donde Jesús presumiblemente aparecería- o regresaron sin pertenencias a su tierra porque lo habían vendido todo antes de partir.

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