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El promedio de edad varía entre los 20 y los 30 años, pero no es extraño cruzarse con un anciano de 83 que esté dispuesto a surfear. El anfitrión acuerda con el visitante la duración de su estadía, lo que le interese hacer y los sitios que prefiere conocer. Una vez regresa a su casa, escribe una referencia de la persona que lo atendió. Con ello, los demás interesados saben con quién es seguro contactarse. En la página se encuentran todo tipo de viajeros, con características y personalidades diferentes.
Con 52 años, el norteamericano John Comeau, que siempre usa un sombrero negro tejano, afirma que su interés es el sexo. Este programador de computadores, que se define como un "hombre ardiente" y enemigo del trabajo de tiempo completo, está buscando un compañero surfista que lo acompañe a México.
Instalado en Medellín, el bogotano Luis Betancourt comparte con otros 1.800 colombianos el placer de rodar por el camino. Recuerda que la primera vez un cordobés lo recibió en su casa y lo invitó a la feria de la cerveza que se realiza en esa provincia argentina. Mientras vivía en el sur, Luis se convirtió en un embajador nómada de Couch Surfing. Al regresar a Bogotá, continuó con su cargo, esta vez sedentario.
Hoy Luis ha recibido a más de 40 viajeros de distintas partes del mundo. El último, un nepalés que viaja en bicicleta por el continente americano desde Los Ángeles hasta la Patagonia. Porque, al margen de creencias religiosas, este 'surfista' no deja de creer en las bondades de aquella obra de misericordia que invita dar posada al peregrino.
PARA MAYOR SEGURIDAD
Aunque la idea de la administración de Couch Surfing es dejar que sus miembros establezcan relaciones, existen medidas para prevenir posibles inconvenientes. Además de las referencias hay un sistema que consiste en el registro de los datos vía electrónica. Los surfistas deben ingresar un número de cuenta para hacer un pago voluntario. El número es verificado y si concuerda con el nombre del usuario, la organización le envía un código que le permite ofrecer y utilizar su sofá. Según Luis Betancourt, embajador de Couch Surfing en Colombia y miembro de la comunidad, los organizadores del proyecto no tienen una actitud vigilante, pues creen en la buena voluntad y en la palabra de los surfistas.