Un grupo de psicólogas plantea que, pese al dolor, a veces es posible sacar algo positivo de la infidelidad.
TRAS DIGERIR EL GOLPE, Andrés confesó que la experiencia de ser traicionado había valido la pena. "Me gusta lo que ocurrió después de la infidelidad: el hecho de volver a conquistar a mi pareja, con la que llevo tanto tiempo; volver a sentir que la amo y que ella sienta que la amo, poderle dedicar tiempo y espacio pero con más intensidad cada vez".
El testimonio de Andrés fue recogido por las psicólogas Carmen Elvira Navia, Evelyn Peckel y María Isabel Navia en el libro recién publicado Infidelidad, pesadilla y pasión (Aguilar), en el que señalan que a pesar del dolor devastador que ocasiona la infidelidad, en algunos casos la experiencia puede derivar en ganancias para la pareja.
El relato de estas tres mujeres, especialistas en psicoterapia de adolescentes, adultos, parejas y familias, ilustra la experiencia de la infidelidad a través de testimonios de hombres y mujeres que han sido traicionados o que han traicionado. No es un libro de recetas para superar la crisis después de unos 'cachos', sino, más bien, una invitación a la reflexión acerca de qué son, por qué se presentan en la pareja, su capacidad de daño y la ambivalencia que generan.
Y es que, a pesar de ser un tema cada día más frecuente en las psicoterapias, la infidelidad sigue manteniendo su aura de tabú. "Muchos estudios reportan que una de las dificultades para estudiar el tema es que la gente no confiesa realmente cuántas infidelidades ha vivido -explica Carmen Elvira Navia-. En las entrevistas que nosotras realizamos para el libro, muchas víctimas terminaban de forma casual confesando que también habían sido infieles".
De adentro y de afuera
Según las autoras, la infidelidad en estos tiempos se cimienta en un doble mensaje que la sociedad envía permanentemente: por un lado la condena, pero por otro la acepta e incluso la promueve a través de los medios de comunicación. Uno de los entrevistados del libro ilustraba esta situación con una canción de reguetón que decía: "¡Hágale, mijito, porque viene mi marido!".
Las psicólogas aseguran que la posibilidad de que las personas caigan en la infidelidad es mayor en la medida en que aumentan las expresiones culturales que hablan de ella. "La sociedad de consumo promueve la gratificación inmediata, restándole importancia a las relaciones duraderas y comprometidas", señalan en el libro.
Aunque cada vez más mujeres entran al club de las infieles -afirmación sustentada en un buen número de estudios-, las autoras coinciden en que la sociedad sigue siendo más permisiva con el sexo masculino. "El hombre comprometido que en un viaje de negocios no tenga una noche con otra es calificado de marica", añade Navia. Y en respaldo a esa afirmación, Juliana, una de las entrevistadas en la investigación, cuenta que la infidelidad de su esposo fue "como entrar en ese imaginario colectivo en que todo el mundo aplaude la cosa de los cachos".
Que la infidelidad siempre se da por desamor es un mito, sostienen las psicólogas. Puede haber otras causas, como la necesidad de sentirse de nuevo atractivo o de esquivar una relación conflictiva. Para Lida, entrevistada por las autoras, la infidelidad no se debió solamente a los vacíos que existían con su compañero o a la oportunidad que se le presentó, "sino a la renuncia a los esfuerzos por mantener unida a la pareja".
Sin embargo, la reflexión final del libro es que la infidelidad es una oportunidad de oro para renovar y enriquecer la relación. Más aún, el aprendizaje puede ser tanto para la pareja como para cada uno de sus miembros. Los testimonios recogidos en el libro lo ejemplifican. Claudia, una mujer que sufrió la infidelidad de su compañero, sostiene: "Una conclusión importante después de lo ocurrido fue que decidí que mi vida no iba a estar centrada alrededor de la otra persona". Y Paula, ya superado su duelo por la misma causa, concluye que la crisis sirvió para reflexionar sobre los errores de cada uno: "Empezamos a ser más novios, no de besitos y eso, sino confidentes".
INFIDELIDAD BAJO LA LUPA
No solo en Colombia la psicología le está poniendo el pecho a la infidelidad. En estos días, el libro When Good People Have Affairs: Inside the Hearts & Minds of People in Two Relationships (Cuando la gente buena tiene affairs: dentro de los corazones y las mentes de personas con dos relaciones de pareja), de la terapeuta Mira Kirshenbaum, ha puesto el tema sobre la mesa en Estados Unidos.
La autora retrata 17 razones por las cuales las personas son infieles, que van desde las más inconscientes hasta las más casuales. Después de 30 años escuchando historias de parejas, la terapeuta piensa que la infidelidad no se planea; se da en personas que no son perfectamente felices en su relación. "La imagen que se me viene a la cabeza es la de una persona que tiene junto a alguien dos copas de vino vacías y en un momento dado conoce a alguien con una botella de vino".
Pero al igual que las psicólogas colombianas, la terapeuta norteamericana asegura que las relaciones alternas no son fatales para una relación. "Si la persona engañada tiene el talento de perdonar y la infiel se encuentra realmente arrepentida, el hecho puede convertirse en un llamado para ser mejores y más felices dentro de la relación, en vez de seguir creyendo que está todo bien".
Esa posibilidad de mejorar no es, sin embargo, una luz verde para que la gente viva poniendo los cuernos. Tanto las autoras colombianas como Kirshenbaum advierten que, desde el punto de vista moral, la infidelidad es censurable en cuanto es una traición. Ahora bien, no siempre hay que expiar la culpa a través del diálogo, como aconsejaría el lugar común. Una recomendación de la terapeuta norteamericana para los infieles es que si están listos para volver a su relación inicial con todo el compromiso, no confiesen su traición y eviten que su pareja se sienta herida de muerte.