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PRIMERO COMENZÓ A CIRCULAR en Internet un boletín que convocaba a rescatar la Plaza de Armas de Querétaro (México) de las manos de "esos holgazanes llamados emos". La noche del 7 de marzo, unas 800 personas llegaron al lugar a burlarse de los 30 adolescentes de pantalones apretados y mechón sobre el rostro que solían congregarse allí. Los empujaron, los golpearon y uno se salvó del linchamiento gracias a una mujer que se interpuso entre él y su atacante.
Al mes siguiente, una réplica del caso fue registrada en Colombia: un joven de 15 años, estudiante de décimo grado, apuñalado en el sur de Bogotá. Las niñas que lo acompañaban atestiguaron que desde hacía varios meses dos compañeros lo venían molestando por peinarse y vestirse como emo. "Le decían que dejara de ser gallina y que peleara como varón pero él siempre les contestaba que no le interesaba discutir".
Pasó otro mes y una adolescente apareció en el talk-show Cura para el alma, del padre 'Chucho'. "Me persiguen por ser emo", dijo frente a las cámaras, y denunció que pandillas de cabezas rapadas y punks buscaban a la gente de su movimiento para causarles daño, pero ellos por principio se abstenían de responder a las provocaciones.
Puede sonar muy cristiana aquella actitud de poner la otra mejilla. Sin embargo, comienza a resultar preocupante para muchos padres de familia y autoridades escolares que un grupo nada despreciable de adolescentes esté manifestando a través de su identidad emo un comportamiento autodestructivo, bien sea por acción -algunos se hacen laceraciones en los antebrazos- o bien por omisión -suelen mantener una actitud pasiva ante los ataques-.
Un estilo de vida
Como el punk, el emo es un estilo derivado de la música. En este caso, del hardcore. Significa emotive hardcore o emotional y admite ser catalogado como un rock alternativo. Sus primeras manifestaciones se produjeron en Nueva York en la década de los 80, en canciones que se caracterizaban por ser más lentas y emotivas que las del hardcore clásico. Aparte de que sus letras versaban sobre vivencias y sentimientos personales, la emotividad del género se expresaba también en cambios súbitos de la intensidad de la voz y los instrumentos, y en estallidos de furia seguidos de sonidos sosegados. Diez años después, el género comenzaba a ser adoptado por bandas colombianas.
Siguiendo el mismo patrón de muchos otros movimientos, la música terminó por impregnar comportamientos y formas de vestir. El estereotipo del emo podría ser algo así como un adolescente flaco, vestido con prendas en las que prima el negro, de pantalón entubado y camiseta estrecha estampada con calaveras rosadas, algo andrógino, con un mechón que le eclipsa media cara, ojos maquillados y en ciertos casos lágrimas pintadas en los pómulos. El emo estereotipado, además, posa de depresivo -o puede realmente serlo- y se practica cortes en la piel para expresar su vocación de suicida.
"La simbología emo se orienta a la expresión de la pena y el dolor que sienten por todos los males de la humanidad", explica la psicóloga Diana Marcela Barrera Medina, quien ha profundizado sobre el tema. En este sentido, las cortadas en los brazos, la depresión o el ayuno, entre otras conductas autodestructivas, son para ellos una forma de purificación, un filtro para que los demás sufran menos. "Con su filosofía buscan ser catalizadores del dolor del mundo", añade la psicóloga.
Que haya grupos urbanos con espíritu autodestructivo no es noticia. Una sensibilidad semejante a la emo, expresada por Wolgfan Goethe en 'Las desventuras del joven Werther', desató una ola de suicidios en Europa a finales del siglo XVIII, lo que hace sospechar que las adolescencias apacibles, en cualquier tiempo, son excepciones a la regla.