Ahora los niños se cuestionan sobre los dramas de la vida

Los niños están expuestos a tal nivel de violencia que los libros la abordan directamente.

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¿CÓMO SE BAÑAN las señoras que están secuestradas? ¿Entre Chávez y Uribe quién es bueno y quién es malo? ¿Por qué los malos no están encerrados? Son el tipo de preguntas que están haciendo los niños hoy en día en los consultorios, en el colegio y en sus casas. Pero no los de nueve o 10 años, sino los de cinco. "Las preguntas las están haciendo cada día más temprano", asegura la psicóloga Cecilia Zuleta.

Pero a esta realidad habría que agregar que las preguntas también son más difíciles porque tienen que ver con situaciones dramáticas que cada día los toca más de cerca. Padres y profesores piden a gritos herramientas para saber cómo enfrentar preguntas que hoy incluyen no solo el divorcio, el sexo y el temor a la muerte de sus padres, sino la noción de peligro. La literatura y los manuales han tenido que cambiar las hadas por historias más reales.

Las de este año han sido particularmente calientes. Según profesores y psicólogos, la aparición de Emmanuel en diciembre pasado motivó una avalancha de preguntas de los niños a sus maestros y padres sobre el secuestro y los niños en la guerra. Luego, se sumaron las marchas por la paz en las que los niños participaron activamente, y los incidentes fronterizos con Venezuela y Ecuador, que exacerbaron los ánimos de muchos padres y -queriéndolo o no- terminaron transmitiéndoselos a sus hijos.

Dada la cantidad de situaciones límite, los niños están tramitando su duelo y sus angustias desde el juego o la descripción de las pesadillas. La psicóloga y profesora de literatura María Isabel Reverón cuenta que de los niños que acuden a su consultorio, cada día son más frecuentes los que pintan personas mutiladas, retiñen el dibujo con rojo muy fuerte o tienen un trazo agresivo que casi rompe la hoja. "Tienen una necesidad de expresar la ira, de aquello que no comprenden, cortando y despedazando".

Lo que se está viviendo en los consultorios no difiere de lo que pasa en los colegios. "Los cambios sociales son muy grandes y cada vez más rápidos, y la juventud hoy se expresa sin temor sobre alcoholismo, promiscuidad y violencia. Pero eso no es un problema sino un alivio, porque antes no hablaban y así era muy difícil atender sus inquietudes", dice Constanza Rueda, rectora del colegio femenino María Ángela.

Con todo, los padres todavía no saben muy bien en qué orilla pararse, si hablar abiertamente o conservar la magia de la niñez con el silencio. Sandra Rojas, mamá de Lucía, de cinco años, confiesa que prefiere que su hija no vea el noticiero pero sabe que no puede meterla en una burbuja de cristal. Por eso valora la tarea que emprendió el colegio de hacer rotar por las casas de sus alumnos un 'cuaderno viajero' en el que cada familia escribe cuál ha sido su experiencia con la muerte. "Unos escriben que se les murió la abuelita; otros, que perdieron un cachorro, es muy enriquecedor y nos ayuda a abordar el tema con ellos, añade Rojas.

Del otro lado están los padres que, según cuenta Zuleta, van soltándolo todo. "Para hablarles de la muerte, de una vez les hablan de las masacres, lo cual también es excesivo".

¿Qué hacer?

Evadir los temas no evitará que los niños tengan miedo, así que es mejor no evadirlos pero tampoco hacerlos tan explícitos. Como aconseja el refrán popular, "ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre". Los psicólogos sugieren responderles con preguntas para saber qué es exactamente lo que quieren saber. Según Zuleta, los padres están en una encrucijada. Si bien se sienten con autoridad para hablarles a sus hijos de sexo, divorcio, muerte, de los temas duros que golpean a diario sus vidas, no saben aún cómo hacerlo. Para ella no basta con darles una clase o leerles un manual. "El problema es que los niños tienen más información, pero se sienten muy solos con ella".

La velocidad con la que los niños entienden que algo está mal, de alguna forma está atada con sus vivencias personales, pero también con la cultura. Los programas de televisión y la Internet los provee de información con tal eficacia que están en capacidad de entender el mundo más rápidamente. Pero justamente por eso necesitan del apoyo afectivo de un adulto.

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