La publicidad saca provecho de los olores ante la saturación de los recursos audiovisuales

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Ahí está el quid del marketing olfativo. Al fin y al cabo, como decía Martin Lindstrom, a quien muchos atribuyen la paternidad de la tendencia, la idea no es que los consumidores recuerden un producto, sino que lo amen. 

EL PLACER DE COMPRAR

El vínculo entre la neurología y la mercadotecnia cada vez es más estrecho. Eso quedó demostrado el año pasado tras la publicación de un artículo en la revista Science que descubrió las partes del cerebro que se activan o desactivan a la hora de comprar.

El trabajo, realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts con 26 voluntarios, reveló que una parte del cerebro llamada nucleus accumbens se iluminaba cuando los eventuales compradores veían los objetos que les gustaban. Se trataba de una parte relacionada nada menos que con los circuitos de recompensa en el consumo de algunas drogas, como la cocaína. Ahora bien, cuando los voluntarios veían un precio elevado, la parte del cerebro que se activaba era la llamada ínsula, mientras que se apagaban algunas zonas del córtex prefrontal.

Esto significó, según los investigadores, que a la hora de comprar, el cerebro activa las mismas zonas que utiliza para identificar el placer y el dolor.

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