Subastas con fines benéficos están de moda

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COLECCIONAR

El fin último de las subastas es hacer de sus clientes potenciales coleccionistas. Para los subastadores "coleccionar no significa gastar increíbles cantidades de dinero", explica Andrés White, director de Sotheby's en el área de joyería. El experto cuenta que hay mujeres que se gastan 2.000 dólares y obtienen piezas excelentes. En el caso de las joyas, específicamente, éstas cargan un valor intríseco que no se desvaloriza, más aún si son de alguna época interesante en cuanto al diseño, como los años 20. "Ante todo, las joyas son capital portátil", dice.

La pregunta obligada es por qué la gente se deshace de objetos que tanto precia, como una joya. Aunque detrás de todo ello hay una notoria representación de éxito y un elemento de vanidad al tener una pieza única y que debería reposar en una colección pública, hay más razones que el ego. Para Daniela Mascetti, antropóloga dedicada a la subasta de joyas en Sotheby's hace veinte años, existen varias razones para venderlas. "Mucha gente ha sobrevivido en alguna guerra gracias a las joyas, esa es la primera razón, por necesidad económica -explica Mascetti-; la segunda es que hay gente que recibe herencias que no le interesan y la tercera es que hay compradores que quieren especializar su colección y por eso se van refinando y vendiendo los objetos que no encajan".

Pero si de filantropía se trata, hay compradores que saben del valor del objeto pujado y antes que tenerlo en sus hogares, prefieren donarlo a una institución para que el público pueda contemplarlo. Tanto White como Mascetti saben de piezas que han estado en subastas y que deberían reposar en un museo, sin embargo la premura con la que se lanza el catálogo y el tiempo en el que se hace la subasta, de más o menos un mes, no es suficiente para que éstos recauden los fondos. "Si queremos hablar de altruismo, es de rescatar la labor que hacen algunas asociaciones de amigos de museos importantes que, como la del Louvre, compran piezas para que el Museo las pueda exhibir".

Cuando definitivamente esto es imposible, prefieren que alguien que ame la joya la adquiera y la luzca, antes que cualquier mercante que la rompa y la fragmente vendiendo las piedras individualmente, lo cual, según ellos, sucede muchísimo.

1.600 DÓLARES pagó Olof Stenheimmer, un empresario sueco, en una subasta benéfica organizada por Sotheby's.

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