La moda de ser mamá

Los diseñadores han caído en la cuenta de que el embarazo no significa renunciar a la vanidad.

(Página 1 de 3)

ADIÓS A LAS BATAS que hacían que cualquier curva de la mujer embarazada desapareciera. Adiós a las camisetas que enuncian de manera desmedida que debajo crece un bebé. Adiós a la opción de ponerse sudaderas masculinas porque no hay otro remedio. Y adiós a la sensación de sentirse poco atractivas.

Después de muchos años de descuidarlas, los diseñadores por fin se han apiadado de las piponas y se han dedicado a confeccionar ropa que no solo se amolde a la  transformación de sus cuerpos, sino que les permita lucirse. En pocas palabras, los diseñadores han caído en cuenta de que el embarazo no significa renunciar a la vanidad. Y ahora también diseñan para ellas.

Fue precisamente la poca creatividad la que hizo que la diseñadora industrial Marisol Rodríguez, de 27 años, desarrollara un proyecto al respecto desde antes de graduarse de la Universidad de los Andes, en donde empezó a experimentar con materiales y a conocer técnicas novedosas de costura en el campo del diseño de ropa para mujeres encinta. Luego salió del país -vive y trabaja en Nueva York- y desde allí, con la ayuda de amigos desperdigados por el mundo -Estados Unidos, España, Corea, Japón y en Colombia- dirigió encuestas destinadas a preguntarles a las mujeres cuáles eran sus inquietudes en relación con el embarazo y el vestuario.

Los resultados arrojaron datos interesantes, entre ellos el disgusto con los diseños de las prendas y la inconformidad por la obligación de invertir dinero cada tres meses en adquirir tallas más grandes, todo esto alimentado por la frecuente baja autoestima en las madres, producto de su periodo de gestación.

Tras meses de investigación, Marisol encontró una solución: un vestido que se va desplegando -en la medida en que el vientre crece- en el cuerpo de la madre con cortes inspirados en la técnica del origami. Además del sentido estético, que en lugar de esconder la barriga, la expone con orgullo, a la diseñadora le interesaba poner su granito de arena en el campo de la ecología. "Lo que intenté hacer fue disminuir el gasto excesivo de telas que deben emplearse para la realización de múltiples vestidos que luego de la gestación dejan de usarse, así como disminuir al máximo el gasto del consumidor y, aún así, seguir ofreciendo un excelente producto". En efecto, cada prenda, de algodón o seda, se compone de entre cuatro y seis costuras básicas además de los cortes que se van abriendo en el cuerpo, lo que disminuye el trabajo y facilita su producción. Por ahora, Rodríguez se debate entre lanzarse al diseño independiente y vender su idea, aunque está inclinada por hacer una marca propia, ya que su hermana también es diseñadora de modas.

Página 1 de 3 123Siguiente »
Publicidad
Enlaces de texo