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Hasta hace poco tiempo, la cocina era ese lugar de la casa olvidado, oculto, donde la mujer se encerraba a cocinar mientras el resto de la familia o los invitados de ocasión disfrutaban en la sala de estar. Poco importaba si las ollas estaban negras de hollín, raspadas o abolladas. En las casas de antes, como no era lugar digno de mostrar, cocina y diseño eran conceptos que no necesariamente coincidían.
Pero las cosas han cambiado. Y han cambiado, entre otras razones, porque cada dia menos gente tiene empleada del servicio de manera permanente y porque cocinar está de moda, porque ya no es sinónimo de oficio aburrido, de hobby de maridos que antes eran inútiles para las labores domésticas. Ser chef es hoy tan respetable como ser abogado, ingeniero o administrador de empresas. "Cuando entras en el mundo de la cocina, te engomas y ya no puedes salirte", asegura Mónica Lizarralde, directora del Centro gourmet Kitchen Aid.
Una tendencia que recupera ese viejo mito que dice que el fuego reúne, protege y alimenta. "Compartir siempre ha estado ligado alrededor de la comida -explica el arquitecto Mauricio Rojas-, por eso el diseño tipo loft integra los espacios y crea el tradicional family room que a todos reúne". Las divisiones se hacen hoy por medio de iluminación, de texturas en el piso, de puertas corredizas, de cambios de alturas y del mismo mobiliario con el que las cocinas quedan integradas al comedor e incluso a la sala.
Por eso la cocina ha adquirido especial importancia no sólo a la hora pensar en la dotación, sino desde el momento mismo del diseño arquitectónico. Es punto de encuentro y punto de reunión de familia y amigos, un espacio donde todos pueden participar en la preparación de una comida. Lugar de visita tan o más importante que sala o el comedor, y hasta lugar donde se cierran negocios. "Si antes era el campo de golf donde se cerraban los negocios, ahora es la cocina", afirma Lizarralde.
Para todos los bolsillos
Cada vez hay más casas y apartamentos que no esconden la cocina sino que la exhiben, donde además de la tradicional estufa muchos incorporan planchas tepanyaki como las de los restaurantes japoneses y en donde los electrodomésticos hacen parte integral de la decoración. "A la gente le gusta mostrar lo que compra", dice Lizarralde. Por eso no es raro que las cocinas de hoy estén dotadas con electrodomésticos impensables hace 30 años: neveras de acero, torres de hornos, salamandras para mantener los platos calientes, molinos de café y cafeteras para hacer expreso, máquinas para fabricar hielo, neveras para mantener las botellas de vino a la temperatura adecuada, ollas para los huevos poché, espátulas, tijeras, moldes de silicona, descorazonadores de manzana ... El bolsillo es el límite.