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"El objetivo de todo este proceso es alcanzar la identificación de las personas sin necesidad de un documento", señala Suárez. Punto clave para el futuro de la Registraduría, que iniciará a mediano plazo un modelo de negocio que le permita vender sus servicios de identificación y autenticación a empresas del Gobierno, bancos, universidades y aerolíneas, entre otras.
El panorama que sueña la Registraduría es que en los próximos años la mayor parte de entidades públicas y privadas implementen los servicios que ofrece su sistema AFIS para relacionarse con sus clientes. De alcanzar esta meta, es probable que en menos de 10 años un mayor de edad con cara de adolescente pueda entrar a un bar solo con su huella, se olvide de la hoy molesta y falsificable contraseña y, lo mejor, ande por la vida sin cédula.
Historia ciudadana
En 1952, el entonces presidente Laureano Gómez Castro fue el primer ciudadano en tener la cédula blanca laminada. En aquellas épocas estos documentos solo se expedían a hombres mayores de 21 años y las mujeres eran relegadas. En 1956, Carola Correa de Rojas Pinilla, esposa del entonces presidente Gustavo Rojas Pinilla, se convirtió en la primera mujer con cédula en el país. Después de 37 años, Juan de Jesús Acosta Cañón, un habitante de la calle del Cartucho en Bogotá, fue el primer ciudadano en tener la cédula de segunda generación, la café plastificada, con el número 79.688.712 de Bogotá.