La Plaza de Bolívar en Bogotá, el cuadrante histórico que enmarcan la Catedral Mayor, el Congreso, la Alcaldía y el Palacio de Justicia, el emblema político, social y religioso del país, solo tiene dos teléfonos públicos. Están sobre la carrera octava, en el cruce de la Calle Florián y la Calle Miguel. Están allí, inertes como imágenes del pasado, al igual que las líneas del tranvía y la estatua del Libertador bañada por caca de paloma.
Decir que nadie utiliza estos aparatos sería atrevido, pero lo cierto es que en pleno mediodía de un viernes ni un alma levanta sus auriculares. Tienen tono, funcionan con tarjeta prepago, pero nadie los usa.
En contraste, en cada esquina de la plaza hay cerca de ocho personas que venden minutos a celular. Son los llamados 'chalequeros', personas que ofrecen 60 segundos de conversación a cambio de 200 pesos. Por culpa de este sector informal, ya a finales de 2004 la entonces empresa Colombia Telecomunicaciones S.A. (Telecom) dijo que su tráfico de llamadas había disminuido entre 30 y 40 por ciento, y la Asociación de Telecentros de Colombia (Atelco), que reúne cerca de 3.000 locales con cabinas telefónicas, reconoció que había perdido el 70 por ciento de sus ventas.
Con el tiempo, además, vender minutos de celular en la calle se convirtió en un negocio manejado por carteles. En 2007, la concejal bogotana Lariza Pizano denunció que había mafias compuestas por familias y comerciantes que arrendaban el espacio público para permitir que los 'chalequeros' ofrecieran minutos. El costo de un andén, dependiendo del sector, podía llegar a 300.000 pesos al mes.
Nada de esto se calculó hace 15 años cuando irrumpió el teléfono celular en Colombia. "El teléfono celular nació como un lujo, como un objeto de deseo", comentó Hans González, gerente de ingeniería de Motorola Colombia. El experto recuerda cómo el Dynatac, el primer celular comercial, costaba cerca de 4.000 dólares y en la actualidad se consiguen equipos por 30 dólares. "¿Dónde estás? era una pregunta absurda en aquella época ¿comenta González¿. La movilidad era un concepto incipiente. El celular lo trastocó todo".
Hablar por hablar
Cuatro años antes de la llegada del celular al país, en 1990, la ETB invirtió cerca de 73 millones de pesos de esa época para adecuar 14.000 teléfonos públicos para que pudieran recibir las monedas de 5, 10, 20 y 50 pesos.
Por aquellos tiempos hacer una llamada desde un teléfono público requería paciencia. Primero había que conseguir monedas y luego buscar un teléfono que funcionara. La longitud de la fila era un buen indicio, y cuando extraordinariamente la cabina estaba vacía, había que cruzar los dedos para que la rendija de las monedas no estuviera atascada por un chicle o para que el auricular diera tono.
Hoy se volteó la torta. Llamar toma tres segundos y ni siquiera hay que recordar el número telefónico. Como dice González, "los teléfonos públicos han quedado para dibujarles grafitis".
El celular no solo modificó las costumbres en las calles. De puertas para adentro, en los hogares aniquiló el monopolio del teléfono de la casa. Ese aparato fijo que dificultaba la intimidad, facilitaba férreos controles a los hijos y daba pie para peleas entre hermanos: "Por favor, ¡cuelga!".
Invasión a todo nivel
Hace 15 años, cuando apareció el celular en Colombia, pocos pensaron que con ese aparato la gente podría pagar el recibo de luz, hacer una transferencia bancaria, leer el periódico, ver televisión en vivo y recibir correos. El teléfono celular lo ha invadido todo. Jubiló agendas telefónicas, relojes despertadores y calculadoras. Amenaza con aniquilar cámaras de fotografía y de video y los teléfonos inteligentes roban usuarios a los computadores portátiles. No ha respetado ni a las billeteras. En los McDonalds de Japón ya se emplean para comprar las hamburguesas y en Alemania para pagar el bus.
En poco tiempo los celulares se convertirán hasta en los pases de abordar. En el aeropuerto Côte d'Azur de Niza (Francia) ya se desarrolla un proyecto que permite viajar a París con solo presentar un documento de identificación y el celular. El plan piloto se llama Pass&Fly y propone que el usuario pase el teléfono y vuele.
"El negocio celular seguirá evolucionando porque atrás quedarán los minutos para darle paso al volumen de datos", dice González, de Motorola. Por ello cree que la voz sobre IP tarde o temprano se masificará en los equipos móviles y servicios como Skype y otras aplicaciones enfocadas a aprovechar Internet será algo común en los dispositivos del futuro.
Esta evolución, en algún momento, relegará a los 'chalequeros' de la Plaza de Bolívar y el emblema político, social y religioso del país volverá a ser de la estatua del Libertador; sin embargo, los teléfonos públicos de la carrera octava tal vez sigan allí como rastros de otra era geológica.