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El hombre que tiene el poder de ordenar el lanzamiento de una bomba nuclear, de retirar a miles de soldados que pelean una guerra al otro lado del mundo y de salvar gigantes corporaciones de la bancarrota, no pudo usar el teléfono celular de su preferencia el día que asumió el poder.
Así fue la suerte de Barack Obama, nuevo presidente de Estados Unidos, quien para posesionarse como mandatario fue obligado por los servicios secretos de ese país a suspender la adicta relación que sostenía con su teléfono inteligente BlackBerry 8830 World Edition. Era tan fuerte el vínculo con su gadget, que unos días atrás, en una entrevista en la cadena CNBC, advirtió: "Tendrán que arrancármelo de las manos".
El destino intervino para que no fuera necesario llegar a ese extremo. El viernes 16 de enero, cuando Obama bajaba de su limosina en el aeropuerto de Washington, el teléfono se deslizó entre sus manos y cayó al piso sin decir adiós.
El accidente adquirió dimensiones trágicas, porque si algo caracteriza a Obama, aparte de su afroascendencia, es su gusto por la tecnología, en especial por el uso de Internet y del correo electrónico: él financió parte de su campaña electoral hacia la Casa Blanca con donaciones por medio de la Red, y en sus pasadas vacaciones en Hawái no se separó de su BlackBerry ni para jugar golf.
El asunto no habría tenido tanto despliegue de no ser por las marcadas diferencias de Obama con sus predecesores Bill Clinton y George W. Bush en materia tecnológica. El primero solo envió dos mensajes de correo electrónico como presidente y todavía dice que no se ha habituado a emplear esta vía de comunicación; el segundo, antes de posesionarse en 2001, envió un corto mensaje de despedida a sus amigos a través de su cuenta g94b@aol.com y no volvió a usarla.
Sucesores frustrados
La principal razón que esgrimieron las agencias para instar a Obama a abandonar su teléfono fue la seguridad. Los expertos argumentaron que de continuar usando un BlackBerry se convertiría en objetivo de delincuentes informáticos que buscarían la forma de acceder a sus mensajes e incluso escuchar sus conversaciones telefónicas. "El uso de información clasificada en un BlackBerry es un asunto arriesgado", le dijo Greg Shipley, jefe de tecnología de la firma consultora Neohapsis, al sitio web de noticias Cnet.
Por eso, durante los días previos a la posesión, la pregunta que rodó por los pasillos de las agencias fue cómo reemplazar el 'primer celular de la nación', más aún después de que el presidente electo manifestara su fobia a las líneas fijas y a usar los dispositivos de sus asistentes.
Dos teléfonos inteligentes, nacidos gracias al proyecto SME-PED (dispositivo electrónico portátil con entornos de seguridad móvil), llevado a cabo por el Departamento de Defensa, estuvieron en la baraja de candidatos para suceder al BlackBerry.
El que estuvo más cerca fue el Sectera Edge, de la compañía General Dynamics. Se trata de un teléfono inteligente que funciona con redes Wi-Fi, GSM, CDMA y está fabricado a prueba de golpes, polvo y líquidos. Su diseño y tamaño son similares a los del celular Palm Treo 750, e integra una pequeña pantalla LCD adicional debajo del teclado.
El Sectera Edge cuesta 3.350 dólares y está certificado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en inglés) como un dispositivo apto para comunicaciones secretas de voz, correo electrónico y navegación por Internet. Funciona con Windows Mobile e incluye Internet Explorer, Word, Excel, PowerPoint y Windows Media Player.
Según la NSA, el teléfono ofrece versiones mejoradas de Internet Explorer, WordPad y Windows Messenger, lo suficientemente buenas como para que los datos clasificados tengan un adecuado nivel de seguridad. Incluso, se dice que los expertos de Sectera encontraron la manera de añadir mayor protección al navegador de Microsoft para resguardarlo de fallas de seguridad y blindarlo contra plagas informáticas.