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Por eso, cada vez que Google lanza un nuevo producto o servicio debe dar explicaciones o tomar posteriores medidas para proteger la privacidad de sus usuarios.
Deterioro cerebral
Más de un usuario de Internet ha vivido esa íntima 'googledependencia' que le impide esforzarse para recordar un nombre o un hecho histórico porque lo podrá buscar en Google.
Muchos otros, en especial los estudiantes, tienden a acudir a 'San Google' para estructurar una investigación o una tesis. Y eso en el mejor de los casos, pues en muchos otros el santo les hará el milagro de darles los textos ya escritos, listos para copiar y pegar. Por supuesto, el facilismo intelectual y el plagio no son nuevos, pero la efectividad del buscador hace que sea más sencillo que nunca caer en ellos.
Entre las críticas en este campo destaca la del escritor y experto en tecnologías de información y comunicaciones Nick Carr, publicada en la revista cultural The Atlantic de julio de este año bajo el título ¿Google nos está volviendo estúpidos?
Allí, Carr se queja de sus dificultades para hacer lecturas profundas y culpa de ello al uso prolongado de Internet y de Google, que dan el material del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensar. "Desde el punto de vista de Google, la información es una especie de materia prima, un recurso utilitario que puede ser explotado y procesado con eficiencia industrial -anota Carr-. Entre más piezas de información podemos obtener y más rápido podemos extraer su esencia, más productivos llegamos a ser como pensadores".
Ante la misión planteada por Google de organizar toda la información del mundo y hacerla accesible y útil para todos, y que el buscador se haya vuelto una ayuda casi indispensable para millones de personas, Carr teme que el cerebro humano se esté convirtiendo en un computador obsoleto que necesita un procesador más rápido y un disco duro más grande: Google.
Sin embargo, en el sitio web científico y artístico Edge.org, reconocidos intelectuales se oponen a culpar a Google de ese presunto 'deterioro cerebral'. El experto en inteligencia artificial y empresario Daniel Hillis admite que algo nos está volviendo estúpidos, pero descarta que la culpa sea del buscador. "Piense en Google como un salvavidas que nos han arrojado cuando crece una inundación. Es cierto, lo usamos para permanecer en la superficie, pero no por pereza, sino por supervivencia".
Kevin Kelly, cofundador de la famosa revista Wired, zanja el debate con un argumento muy elocuente: aun si se admitiera la pérdida de 20 puntos en el cociente intelectual por usar el famoso buscador, "la mayoría de nosotros escogería quedarse con los 40 puntos que ganamos al usar Google todo el tiempo".
La 'googlelización' de la realidad
A mediados de 2005, cuando Google anunció su proyecto de digitalizar todos los libros del mundo, Francia señaló a la empresa como enemiga en su batalla por defender su lengua y su cultura. Intelectuales y políticos galos la calificaron como defensora del imperialismo angloparlante, mientras que Jean-Noël Jeanneney, presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, presentó a Google como la secuestradora del pensamiento mundial.
Aunque las cosas se calmaron tras algunas aclaraciones por parte de Google, el tema quedó sobre el tapete. En diciembre de 2007, el doctor Hermann Maurer dirigió un proyecto del Instituto de la Información y Computación de la Universidad de Tecnología de Graz (Austria), titulado 'Reporte sobre peligros y oportunidades de los grandes motores de búsqueda, en particular Google'.
El estudio no desconoce las bondades de estos sitios, pero sus críticas no son nada despreciables. Aparte de señalar que "Google se ha tornado en la más grande y poderosa agencia de detectives que el mundo ha conocido", observa con preocupación que se está convirtiendo en la principal puerta de entrada hacia la realidad. "En el momento, Google determina la forma como buscamos y encontramos información", y dicta cuál recibimos y "cuál es negada o intencionalmente suprimida".