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En el mismo sentido, el investigador de temas de género y educación Carlos Iván García manifiesta que la aceptación de la prostitución en la actualidad depende del éxito obtenido con ella. Si la mujer se mantiene pobre, sigue siendo prostituta; si alcanza estatus, el medio por el que lo obtuvo importa bastante poco. El fin justifica los medios.
El ojo feminista
Varios elementos darían para pensar que la menguante censura al intercambio de sexo por dinero es el reflejo de una sociedad que vence sus tabúes y permite la expresión de las libertades individuales. Sin embargo, la mirada feminista sugiere que no se trata más que de un espejismo.
Claudia Mejía, directora de la organización Sisma Mujer, plantea una comparación: ¿un suicidio es una demostración de autonomía de la persona sobre el cuerpo? En apariencia, sí, pero si se echa un vistazo a la situación del individuo probablemente se descubre que fue víctima de una sociedad que no le permitió, por ejemplo, ejercer plenamente sus derechos a la salud o al trabajo.
El ejemplo podría extrapolarse al caso de la modelo Noémie Lenoir, las vírgenes en venta o 'las prepago'. ¿Ejercen su derecho a la autonomía sobre sus cuerpos? "No ¿contesta radicalmente Mejía¿, ellas perpetúan la idea patriarcal de que el cuerpo de la mujer está al servicio del placer de los varones; de que la sexualidad femenina está subordinada a la masculina, y de que el placer del otro prima sobre el nuestro".
De modo que parece poco probable que algún día se acabe el estigma de la prostitución. Mientras la sexualidad involucre relaciones de poder, las censuras y los tabúes permanecerán.
Los imperios de la permisividad
La 'profesión más antigua del mundo' no siempre ha sido estigmatizada. De hecho, en comparación con otras épocas, la actual podría lucir algo mojigata.
Historiadores clásicos documentan que en Babilonia (2000-539 a. C) era obligación de todas las mujeres acudir, al menos una vez en la vida, al santuario de Militta (la Afrodita griega) para tener sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico.
En la antigua Grecia (1100-146 a. C.) las prostitutas pagaban impuestos y podían ser independientes e influyentes. Las hetairas, como se le conocía, estaban a medio camino entre las prostitutas y las cortesanas. De hecho, el sabio legislador Solón fundó el primer burdel de Atenas en el siglo VI a. C. Con las ganancias construyó un templo dedicado a Afrodita Pandemos, patrona del negocio.
El estudio justifica los medios
La ecuatoriana Evelyn Dueñas, de 28 años, logró que la oferta por su virginidad en Internet ascendiera a 2,5 millones de euros -unos 7.000 millones de pesos-, pero la rechazó, según dijo, porque el interesado no cumplía sus condiciones: nada de besos y caricias y una serie de exámenes que comprobaran su buen estado de salud. La latina radicada en España confesó que no se sentía muy bien con la idea, pero su madre y sus ganas de estudiar medicina la habían impulsado a hacerlo.