Noviembre 19 de 2008

Aumenta la infidelidad en las parejas de abuelos, dice un estudio hecho con mayores de 60 años

Aunque es evidente que los casos de infidelidad en parejas estables de esta edad no es nuevo, se detectó un crecimiento importante del fenómeno durante el periodo de análisis.

Inge es una mujer de 65 años que está enamorada de su esposo, con quien lleva tres décadas de matrimonio. Sin embargo, pese al aparente idilio, tiene un secreto: Karl, su amante septuagenario. 

Así es la historia que el cineasta alemán Andreas Dresen narra con detalle en su película Wolke 9 (En el séptimo cielo, su título en español), que lejos de ser una narración ficticia de infidelidad conyugal en el otoño de la vida es reflejo de una realidad que se está presentando cada vez con mayor frecuencia en el mundo actual.

De hecho, esta es una de las conclusiones a las que llegó una investigación del Centro de Estudios de Salud y Comportamientos de Riesgo de la Universidad de Washington, en la cual describe cómo han variado los matrimonios en los últimos 15 años.

De acuerdo con el estudio, liderado por el psiquiatra e investigador David C. Atkins, aunque es evidente que los casos de infidelidad en parejas estables -cuyas edades superan los 60 años- no es nuevo y ha existido en las diferentes épocas, se detectó un crecimiento importante del fenómeno durante el periodo de análisis.

Los resultados, discriminados por género, reflejaron un mayor aumento de los índices de infidelidad de las abuelas con respecto a los abuelos. No obstante lo anterior, vale aclarar que, en términos porcentuales, las aventuras de ellos continúan siendo más significativas.

Según el consolidado de la investigación, los niveles de engaños maritales de las mujeres adultas mayores subió 10 puntos entre 1991 y 2006 al pasar de 5 por ciento al 15 por ciento, mientras que la de sus congéneres del sexo opuesto y edades contemporáneas saltó del 20 por ciento al 28 por ciento durante el mismo periodo.

Aunque la investigación refleja una tendencia con base en una muestra de población de Estados Unidos, sexólogos y geriatras consultados coinciden en que en un medio como el colombiano la situación no es del todo ajena y que los casos de infidelidad en este grupo de edad se presentan con cierta frecuencia, sin distinguir género.

En ese sentido, el médico geriatra Carlos Cano explica que situaciones de tal naturaleza no se pueden ver como un fenómeno extraño en la medida que, independientemente de la etapa de la vida, las personas están sujetas a procesos permanentes de reconocimiento de su ser. "La infidelidad como concepto es inherente a cualquier fase de la vida y no es exclusiva de edad alguna -señala el especialista-. Este fenómeno se puede presentar tanto en jóvenes como en personas mayores".

Ahora, es claro que las situaciones y la práctica del engaño conyugal entre adultos mayores van más allá de acciones como las representadas en aquellas imágenes postales que retratan a dos ancianos que en el ocaso de sus vidas se toman las manos para mirar el atardecer en el horizonte. El sexo también tiene su papel.

No obstante, aunque en este tipo de relaciones clandestinas es posible que la sexualidad y la pasión no sean la variable preponderante, protagónica y central, es claro que tienen su juego: las caricias y el erotismo también pueden lograr su espacio.

No es cuestión de fármacos

Sobre este punto, el médico psiquiatra y sexólogo Carlos Pol explica que tal como sucede con las parejas más jóvenes, en los abuelos el factor sexoafectivo tiene relevancia en la medida en que exalta una necesidad de desear y ser deseado, atraer y ser atraído, independientemente de la madurez, la mesura y el recato que se acentúa con el paso de los años.

Es por ello que Pol no está completamente de acuerdo con la teoría planteada por la investigación del Centro de Estudios de Salud y Comportamientos de Riesgo, que encuentra una explicación a la infidelidad  en los mayores de 60 años en la mayor disponibilidad de tratamientos, como las terapias y los suplementos hormonales para sostener la lubricación vaginal y el deseo sexual en las mujeres, o los medicamentos formulados contra la disfunción eréctil en el caso de los hombres.

"Esas son solo herramientas farmacológicas. En relaciones como estas no todo es coito -aunque se presenta-, pero en un buen número de casos es más importante el sentido de gratificación que sienten como personas valiosas y atractivas para alguien", dice el sexólogo.

En sentido similar se expresa el médico geriatra Cano al manifestar que más que un asunto de ayudas farmacéuticas o de terapias para mejorar el desempeño físico, la fidelidad está relacionada principalmente con una serie de patrones propios de la conducta de cada persona.

Por eso, en términos generales, los especialistas consideran que los factores que conducen a la infidelidad en los adultos mayores son, en esencia, los mismos que se presentan en cualquier etapa de la vida. 

Para Cano, el punto es que en la sociedad y en la cultura se enraizó el concepto de que después de cierta edad las puertas del sexo, el deseo o la atracción hacia otros quedan cerradas, especialmente en el caso de las mujeres. "Nos han educado con la idea de que la fidelidad es más aceptable en los jóvenes o en los hombres, y no tanto en los mayores o en las mujeres", agrega.

Nada más alejado de la realidad, complementa Pol, quien afirma que como en la mayoría de las relaciones, la infidelidad puede ser vista como una respuesta directa de los problemas de pareja donde uno de los miembros busca encontrar en un tercero el calor y el afecto que no está recibiendo en su unión marital.

El experto concluye que esa búsqueda de satisfacción en todos los niveles (emocional, intelectual, e incluso sexual) y la ausencia de un real sentimiento de valoración por parte de su compañero también puede ser la detonante. 

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