(Página 1 de 2)
NO ES URÓLOGO y, sin embargo, es uno de los hombres que más sabe sobre el pene en Colombia. Es filósofo, se llama Roberto Palacio, tiene 41 años y acaba de publicar, bajo el título de Sin pene no hay gloria (Aguilar), una colección de ensayos rigurosamente históricos pero flagrantemente desparpajados sobre "el honorable miembro". Desde las prácticas más remotas como la fellatio, hasta preocupaciones recientes como la impotencia, Palacio relata la historia de los usos del pene, de sus nombres y de sus significados. La motivación, como él expresa: "Cosificar el cuerpo del hombre como lo hemos hecho con el de la mujer".
LOS CUATRO ESTADOS DEL PENE. Morcilludo, erecto, tieso y reventón. Los puntos más interesantes son los de los extremos. Morcilludo es cuando se para blandito. Es una fuerza ciega y brutal de la naturaleza. Cuando está así es como meter un pudín en un riel. Y el otro extremo es lo que narra el escritor Stephen Vizinczey en la novela En brazos de la mujer madura, en el que cuenta que sus erecciones entre los 13 y 14 años eran tan intensas, que incluso llegaban a ser dolorosas.
LAS MANOS Y LA 'FELLATIO'. Es una de las cosas más complicadas, porque uno no tiene bolsillos. He pensado que los seres humanos deberíamos haber desarrollado una especie de marsupia para meter las manos durante el sexo oral, porque uno empeloto y sin bolsillos, es terrible. No hay una respuesta al tema: si poner las manos encima de la señora -o del señor cuando es el caso-, si ponerlas en la cadera o detrás de la cabeza. Toda posición en esa situación es inconsecuente.
LOS EMPERADORES ROMANOS. La historia más divertida es la del emperador Tiberio, quien sucedió a Augusto en los primeros años de nuestra era. Fue un tipo tan 'dañado', que cuando se retiró del ejercicio activo en Roma se trasladó a la isla de Capri, donde le dio rienda suelta a toda su lascivia. Era enfermo por el sexo oral y parece que allí consiguió una serie de niños, que llamaba sus "pececillos", tan jóvenes que no tenían dientes para que cuando él se metiera a la piscina, nadaran por debajo del agua y le practicaran felaciones. Porque una de las cosas que más les molesta a los hombres es que a la felación le metan cordal. No es agradable que dañen el cromado.
MONDÁ. Es una palabra que se puede utilizar como un sustantivo genérico, que no admite plural: la gente no dice "mondaes". Tiene un origen encantador: cuando las francesas, en el siglo XVIII, se bajaban en el puerto de Cartagena y veían a estos negros cargueros con su naturaleza totalmente desnuda y exuberante, como si una serpiente del Paraíso se hubiera asomado entre el follaje, se tapaban la boca con su abanico y exclamaban: "¡Mon Dieu!" (¡Dios mío!). Y el 'mondió', en cartagenero, ajá, se volvió 'mondá'.
VERGA. Es un término naviero. También en el siglo XVIII, la gente viajaba en barcos conocidos como bergantines, y "vergas en alto" era que estaban listos para navegar por el océano "o por tu cuerpo como por el mundo", diría el poeta Vicente Quirarte. Es una palabra horrible, de puta mascachicle o de proxeneta, pero muy interesante.
PIPÍ. Esta es una palabra onomatopéyica. Se refiere al ruido que las personas creen que hace el objeto en cuestión, que rebota, que brinca. Los niños aprenden rápidamente estas palabras -mamá, tete, papá- gracias a las sílabas que se repiten. 'Pipí' es una de las primeras y más fáciles palabras de aprender.
CHIMBO. ¡Es horrible! Es de origen paisa. Pone al pene en la misma categoría del 'pucho' y de la 'pola' y de ese tipo de cosas. Se utiliza mucho. Es una palabra de caballista paisa.
POLLA. También es uno de los términos más feos que he escuchado. No entiendo la asociación: ¿es un pollo femenino? Me imagino que la asociación tiene que ver con que los pollos nacen con el cuello pelado.
PETE. Esta palabra es usada por los chilenos, que al sexo oral le dicen "hacer el pete". Es interesante porque viene de chupar, convertida en rechupete y abreviada hasta quedar en 'pete'. Los chilenos, para referirse al mismo miembro, también utilizan una palabra que es 'pico', y curiosamente a los órganos sexuales femeninos les dicen 'placa'. Recuerdo que alguna vez un chileno invitado en mi casa nos oyó decir que había llegado "la hora del pico y placa". Le brillaron los ojos.