Nadando contra la corriente, la fotógrafa Alejandra Guerrero se la juega por vestir a las actrices de la industria de la pornografía.
COMO YA CASI NADIE se sorprende con unos senos al aire o una cola tipo melocotón en todo su esplendor, la fotógrafa bogotana Alejandra Guerrero decidió tomar el camino de vuelta: en lugar de desvestir, decidió tapar a modelos y actrices del cine y las revistas para adultos.
En ese nadar contra la corriente para ella no cabe el falso argumento de los que empelotan mujeres que dizque por amor al arte y no, como es en realidad, por el vil metal. Lo hace para darle un toque, casi de inocencia, a ese mundo decadente y mercantilista de la pornografía. No está inventando nada nuevo, pues siempre ha existido uno que otro artista de la cámara que, como ella, lleva el lente más allá de la entrepierna para descubrir luces, sombras, relatos, símbolos, escenarios... "Nuevos significados", como dicen los entendidos.
Los hallazgos de Alejandra con su cámara la acercan a fotógrafos como Helmut Newton, Ellen von Unwerth y Guido Argentini, entre otros, que han hecho historia por haber logrado una visión estética del mundo de las tres X. Sin embargo, lo que hace particular el trabajo de la bogotana de 28 años es que, aparte de ser la única fotógrafa colombiana que se ha metido en la industria californiana del porno, es una de las pocas mujeres en el medio. Y advierte, consciente siempre de las sospechas: "Y soy straight (heterosexual)".
Mirada respetuosa
El acercamiento de Alejandra a ese mundo fue progresivo. En 2005 comenzó como asistente en los estudios de Playboy en Chicago, y luego en Los Ángeles fue asistente de un fotógrafo que hacía trabajos para publicidad de ropa interior y para publicaciones como Mac & Bumble, Lingerie Bowl, Hustler y Play-boy, entre otras. En 2006 saltó a hacer fotos detrás de cámaras de películas porno. "Aspiraba a algo con más caché, pero me le medí a hacer el trabajo como mercenaria -dice-. Contra lo que esperaba, descubrí algo que los otros no solían ver".
A diferencia de sus colegas varones que van al grano y tienen muy claro dónde ponen la mira -y con frecuencia algo más-, su visión femenina se evidencia en el hecho de que se abstiene de esa tentación tan masculina que es el pubis y se inclina por buscar las historias que hay detrás. Sin embargo, sí toma del mundo del porno toda la parafernalia fetichista y sadomasoquista: antifaces, tacones, látigos...
Su toque particular ha atraído a las actrices y modelos de la industria, que la buscan para sus fotos promocionales. Incluso algunas han posado gratis para ella porque no tiene la mirada violadora que buscan los pornófilos. Por ejemplo, a la célebre Julie Strain -La reina de la serie B- la fotografió vestida con sus prendas estrafalarias pero con el tronco metido en una lavadora, montada en un triciclo o acariciando a su pequeño hijo. "La convencí para que volviera a modelar, pues se había retirado hacía más de tres años -recuerda Alejandra-. Le gustó tanto mi trabajo, que me dio ese chance y muchos más. Me convertí en su amiga".
Alejandra sabe que, pese a las apariencias, a las actrices de la industria no les gusta el ultraje de los lentes. Y por increíble que parezca, su trabajo incluso tienen algo de candor. Al fin y al cabo, dice la fotógrafa, "ellas saben que no vendo carne".