Febrero 13 de 2008

Los Nobel del sexo

Investigaciones divertidas sobre la sexualidad humana y animal que han consagrado a sus autores.

LOS PREMIOS NOBEL significan algo así como la consagración para personas que han hecho grandes aportes a la humanidad con descubrimientos como la penicilina, la telefonía inalámbrica, el metabolismo del colesterol, las células madre o las historias de Macondo. No obstante, algunos consideran que, por razones políticas o arbitrariedades subjetivas, ese reconocimiento ha dejado entre el tintero a muchos que han hecho aportes semejantes. De ahí la existencia del Premio Ig Nobel, que entrega  la Universidad de Harvard a quienes "nos hacen reír y luego nos hacen pensar", en las categorías de Medicina, Física, Química, Biología, Estadística, Artes, Literatura y Paz.

El año pasado, por ejemplo, el de Medicina fue entregado a Dan Meyer y Brian Witcombe, del servicio de salud de Gloucestershire, Gran Bretaña, por un descubrimiento sin par: que tragar sables en los actos de magia puede causar daños a las cuerdas vocales. Y el de Física a un grupo chileno-estadounidense que descubrió que el planchado soluciona el problema de las arrugas en la ropa de cama.

El premio se creó hace 17 años y en este lapso son varias las investigaciones y estudios sobre el sexo que han recibido el reconocimiento en distintas categorías. En 2001, por ejemplo, el biólogo Kees Moeliker, del Museo de Historia Natural de Rotterdam, Holanda, obtuvo el galardón gracias al primer reporte científico sobre necrofilia homosexual en el pato real (ver recuadro "El patito feo").

Cuando le informaron que había ganado el premio, Moeliker creyó que se trataba de una broma, pero después se dio cuenta de que era en serio. "Mirando los eminentes científicos y las investigaciones que han ganado los Premios Ig Nobel me sentí, y aún me siento, honrado y orgulloso de ser parte de ese grupo privilegiado -dice el biólogo a CAMBIO-. La ceremonia en la Universidad de Harvard fue una experiencia maravillosa: un Nobel de verdad me dio el premio. Poco después, la gente alrededor del mundo comenzó a hablar de necrofilia homosexual durante el desayuno, el trabajo, en la escuela o el bus y a ver los patos con ojos diferentes. Mi artículo puso a pensar a muchos en la sexualidad humana de una manera distinta".

Al igual que la "aberración" del pato real, otros trabajos relacionados con la sexualidad han puesto a la gente a reír y a pensar. CAMBIO presenta algunos de ellos.

PAZ, 2007:  TIRO POR LA CULATA

En 1994 el Laboratorio Wright de la Fuerza Aérea de Estados Unidos promovió la investigación y el desarrollo de un arma química que provocara comportamiento homosexual en las tropas enemigas. Con un proyecto bautizado "Bomba del amor" o "Bomba gay", los militares pidieron al Pentágono 7,5 millones de dólares para identificar sustancias para acosar, fastidiar y convertir en "chicos malos" a los soldados del bando contrario.

Según un documento divulgado el año pasado por Sunshine Project -organización dedicada a rastrear el desarrollo de armas químicas y biológicas-, la "Bomba del amor" estaba en la categoría de químicos destinados a afectar el comportamiento humano para acabar con la disciplina y la moral. El proyecto nunca se llevó a cabo. Tal vez los expertos pensaron que podría resultarles un arma de doble filo.

BIOLOGÍA, 2003: EL PATITO FEO

El biólogo Kees Moeliker, del Museo de Historia Natural de Rotterdam, Holanda, recibió el premio por haber descubierto el primer caso de necrofilia homosexual en patos reales. El hallazgo lo hizo un día en el museo: un pato perseguido y acosado por otro macho de su misma especie murió al estrellarse contra un vidrio. El acosador se le echó encima y lo violó durante 75 minutos con intervalos de 30 segundos al mismo tiempo que lo picoteaba con insistencia en la cabeza. La presencia de personas en la "escena del crimen" no impidió que el violador insistiera en su acto de necrofilia.

La homosexualidad en el reino animal es extraña y la necrofilia aún más. Por eso, el caso del pato holandés quedará en los anales de la ciencia gracias al acucioso Moeliker, que documentó el caso y lo publicó en 2001 en el anuario del museo, Deinsea, bajo el título: "Primer caso de necrofilia homosexual en el Anas platyrhynchos real".

MEDICINA, 2000: LA ÚLTIMA FRONTERA

Willibrord Weijmar Schultz y su equipo del Hospital Universitario de Groningen, Holanda, recibieron el premio por haber logrado observar mediante un escáner de resonancia magnética los cambios anatómicos de los genitales durante el acto sexual. El experimento lo hicieron con ocho parejas y tres mujeres y publicaron los resultados en el prestigioso British Medical Journal: "Las imágenes obtenidas mostraron que durante el acto sexual en la posición del misionero, el pene tiene la forma de un bumerán y un tercio de su longitud está compuesta por la raíz". Tras la observación, Schultz y su equipo concluyeron: "Tomar imágenes de resonancia magnética de los genitales masculinos y femeninos durante el coito es posible y contribuye a comprender la anatomía".

ESTADÍSTICA, 1998: METIDA DE PATA

El endocrinólogo canadiense Jerald Bain y el médico Kerry Siminosky se ganaron el premio por una investigación sobre la relación entre el tamaño del pie y el tamaño del pene.

La motivación del estudio fue un comentario de la suegra de Bain, quien antes del matrimonio le sugirió a su hija que se fijara muy bien en los pies del novio, pues según decían el tamaño del pie era proporcional al largo del instrumento. En 1993 los resultados de la investigación fueron publicados en Annals of Sex Research: no hay relación entre la talla del uno y la talla del otro. Pie grande no es garantía de nada.

SALUD PÚBLICA, 1996: LA CHICA PLÁSTICA

El médico Harald Moi y la enfermera Ellen Klist obtuvieron el reconocimiento por descubrir que las muñecas inflables también transmiten la gonorrea. El hallazgo lo hicieron porque un marino de un barco pesquero acudió a la clínica de enfermedades venéreas de Nuuk, Groenlandia, debido a una molestia causada por esta enfermedad. Para prevenir la propagación, Moi y Kis interrogaron al marino, quien no tuvo más remedio que contar la historia: urgido tras un prolongado ayuno sexual, una noche irrumpió en el camarote de un subalterno y le sacó una muñeca. Lo que no sabía era que, antes de acudir a su chica plástica, su colega había tenido relaciones sexuales con una de carne y hueso. El caso fue publicado en la revista Genitourinary Medicine.

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