Enero 30 de 2008

Sin darse cuenta, los seres humanos identifican los días fértiles de las mujeres

Y también alteran su comportamiento en esas fechas

DIECIOCHO BAILARINAS de clubes nocturnos de Albuquerque le sirvieron al psicólogo evolucionista Geoffrey Miller, profesor de la Universidad de Nuevo México, para confirmar la tesis según la cual, en cuestiones de amor y pasión, los monos y los seres humanos son más parecidos de lo que se cree. Las contactó a través de una página en Internet y les pidió que, a lo largo de dos meses, le contaran detalles íntimos y privados: el momento del ciclo menstrual y el monto de las propinas que recibían en cada turno. 

Al cruzar los datos, Miller encontró que las bailarinas que estaban ovulando recibían propinas de 70 dólares por hora, el doble de las que tenían el período y 20 más que las que no estaban en ninguna de las dos condiciones. Curiosamente, aquellas que tomaban píldoras anticonceptivas no presentaban picos y recibían, en promedio, 38 dólares por hora. Cabe aclarar que en Albuquerque la ley permite exhibir los senos desnudos pero no más.

"Estos resultados constituyen la primera evidencia económica directa de la existencia e importancia del estro (el celo) en las hembras humanas en un escenario del mundo real", anota Miller en un artículo publicado en la revista Evolution and Human Behavior. Esto quiere decir que los humanos conservan la capacidad de emitir y percibir señales de fertilidad y que éstas alteran su comportamiento.

Los resultados de la investigación contradicen la teoría según la cual el ciclo estral fue debilitándose o desapareciendo en el curso de la evolución como resultado de la necesidad de las mujeres de contar con hombres proveedores de bienes, más paternales y dispuestos a relaciones estables y no sólo a pasar un buen rato. Además, confirman investigaciones recientes que demuestran que la capacidad humana de identificar el momento de la ovulación no se ha perdido y que, incluso, las mujeres inconscientemente dan señales de que están pasando por esa fase.

Esto huele bien

El misterio de los ciclos femeninos fue desentrañado apenas en los años 20 del siglo pasado. El descubrimiento se atribuye a los ginecólogos Kyusaku Ogino y Herman Knaus, quienes determinaron cuáles eran los días fértiles e infértiles de las mujeres y a partir de eso diseñaron el famoso método anticonceptivo del ritmo, conocido como método de Ogino.

Muchos años después, los expertos en comportamiento se dieron cuenta de que hombres y mujeres no eran indiferentes a los llamados invisibles de la reproducción, y mediante una serie de estudios especializados demostraron que cerca de los días más fértiles del ciclo menstrual -justo antes de la ovulación-, la libido de las mujeres es más alta, circunstancia que las hace más atractivas para los hombres. ¿Por qué? Por sutiles cambios en el olor, los gestos, la fluidez verbal y la simetría del cuerpo, en particular la de los senos.

Una investigación que demuestra que estas señales son detectadas es descrita por Eduardo Punset en el libro El viaje al amor. Consistió en impregnar moléculas del sudor de las axilas de unas mujeres en los labios superiores de otras que vivían en lugares geográficos distintos. El resultado fue sorprendente: la sincronización de sus ciclos menstruales debido a la capacidad del olfato de detectar las feromonas u hormonas del deseo. Una de las explicaciones que los evolucionistas dan a este fenómeno es que promovía la diversidad genética de la tribu primitiva.

Para confirmar que la capacidad de detección no era sólo olfativa, investigadores de la Universidad de California fotografiaron a 30 mujeres con relaciones estables que no usaban píldoras anticonceptivas, primero cuando estaban en su ciclo fértil y luego en la etapa de infertilidad. Después mostraron las fotos con las caras difuminadas a 42 personas de los dos sexos y les preguntaron: "¿En qué foto la persona está intentando lucir más atractiva? El 60% señaló la foto tomada durante el ciclo de ovulación. Curiosamente, las mujeres vestían con ropa que dejaba más piel a la vista.

Similares resultados dio un estudio austriaco entre las mujeres que iban a  discotecas: cuanto más descubiertas, más altos eran sus niveles de estradiol, una de las hormonas que causa la ovulación. Otra manifestación de que los hombres captan el ciclo menstrual, es que se vuelven más celosos cuando sus novias están en días fértiles.

No me hallo

La percepción de las mujeres también se ve alterada por sus ciclos. En un artículo de la revista Time, el director de Psicología Social de la Universidad de Minnesota, Jeffry Simpson, asegura que cuando las mujeres están ovulando tienden a buscar hombres más coquetos y a procrear hijos que en la edad adulta serán coquetos como sus papás.

La antropóloga Helen Fisher, autora de Por qué amamos, sostiene que no es raro que cerca del momento de la ovulación "las mujeres se sientan aún más atraídas por los hombres que presentan signos asociados a la testosterona, como los pómulos marcados y la mandíbula fuerte". Y asegura que cuando tienen la menstruación los prefieren de rasgos más blandos, y cuando utilizan la píldora eligen hombres genéticamente parecidos, preferencia que no es la más acertada para la salud  de los hijos.

Lo anterior no significa que el instinto predomine. En realidad, el estro de las mujeres parece haber evolucionado hasta un punto en que les da cierto margen de maniobra para seleccionar buenos candidatos y no quedarse con el primero que aparece. No obstante, las hormonas aún les juegan muy malas pasadas.  

DETRÁS DE UN BESO

Hasta los besos pueden delatar el ciclo menstrual femenino. Según un estudio publicado el año pasado en Evolutionary Psychology, los besos permiten a los hombres enterarse de que la mujer que besan está ad portas del período. El aumento de estrógenos crea condiciones para el crecimiento de algunas bacterias y el incremento de compuestos sulfurosos en la boca, lo que produce un aliento menos agradable durante la menstruación.

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