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En plena postguerra, hace más de medio siglo, la estadounidense Brownie Wise, una representante de ventas de la empresa Tupperware, se ingenió una técnica regia para vender sus famosos envases plásticos de cerrado hermético: reuniones exclusivas de mujeres. Luego los cosméticos pronto sucumbieron a la tentación de los catálogos y de las entregas a domicilio. "Avon llama...". Ahora el turno es para los juguetes sexuales, una práctica que ya se conoce en el mundo como "tuppersex".
El negocio parte de una premisa sencilla: las mujeres, entre ellas, en ambientes íntimos, se desinhiben. Resulta, entonces, más lógico, cómodo, efectivo y rentable llevarles el sex shop a casa. Mostrar la mercancía, que la manipulen y contestar preguntas, como si estuvieran ensayando una nueva aspiradora. Aconsejar. Explicarles que no lo vean como un reemplazo sino como un complemento y garantizarles que sus parejas van a disfrutar sus compras tanto, o incluso más que ellas.
La fórmula está probada y comprobada en varios países, en especial en Estados Unidos, España, y Argentina. Han nacido empresas como Sensualove, Japi Jane, Sophie Jones (que ofrece clases de streptease y baile con barra) y La Maleta Roja, una de las más importantes de su tipo y que acaba de presentar el libro ¿En mi casa o en la tuya? Confesiones de tuppersex. Casi todas le dan un regalo especial a la anfitriona.
La pionera en el negocio es la estadounidense Passion Parties, con ventas que superan los 20 millones de dólares, con cerca de 4.000 vendedoras y donde "todos los días son San Valentín".
Sensual Emergency Shop es la propuesta colombiana. Julene Ortiz de Zaldumbide, psicóloga de la Universidad de los Andes, decidió, a comienzos de año, y luego de ver que en sus "noches de chicas" casi siempre terminaba hablando de sexo con sus amigas, investigar y aprender sobre juguetes sexuales y sobre su mercadeo. Encontró un distribuidor, buscó apoyo en su esposo e inspiración en el programa Alessandra a tu manera. "Los sex shops son muy agresivos. Espantan. Y muchas mujeres sienten que no encajan allí", dice Ortiz. No en vano toda la imagen de su empresa es muy rosada, delicada y femenina.