Memoria de mis putas caras

Valérie Tasso comenzó su carrera literaria después de haber trabajado como prostituta.

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"LAS PUTAS baratas son todas iguales; las caras lo son cada una a su manera". Así podría parafrasearse la primera línea de Ana Karenina y no faltar a la verdad. De lo contrario, la vida de las prostitutas de lujo no despertaría tanto morbo, ni sus historias se convertirían en éxitos editoriales cada vez que deciden pasar de la cama al escritorio.

Paula O. -así prefiere ser nombrada- es pereirana, tiene busto de silicona, mide 1,67, su tarifa no baja de un millón de pesos y acaba de desnudar su vida ante el periodista Francisco Celis Albán. El resultado se titula Confesiones de una puta cara (Intermedio), un libro que se suma a un fenómeno editorial que ya tiene visos de saga literaria: las autobiografías de prostitutas de élite.

Literatura y prostitución tienen un largo maridaje, pero lo novedoso es que sus protagonistas están cada día más dispuestas a poner la cara, abrir la boca o empuñar la pluma. Y el último lustro ha sido particularmente prolífico en materia de confesiones prostibularias.

En 2003, Heidi Fleiss, la Madame de Hollywood, puso a temblar a las celebridades del cine cuando anunció que publicaría su autobiografía. No era para menos, pues gracias a su ejército de prostitutas, conocía al dedillo las aficiones sexuales de un buen número de actores. Al final, Pandering (Proxenetismo), como tituló el libro, no resultó ser una lista negra, pero sí demostró que la prostitución no siempre nace de la pobreza. Licenciada en bienes raíces e hija de un pediatra y una profesora, el verdadero "padecimiento" de Heiss eran su ambición y su hedonismo. Suficientemente ilustrativo resultó el recuerdo que conservó de su primer cliente, cuando tenía 22 años: era tan apuesto, que por ese simple hecho habría tenido sexo gratis con él. Pero no: le pagó 3.000 dólares.

Casi al tiempo que Heiss lanzaba su libro, la francesa afincada en España Valérie Tasso salía con Diario de una ninfómana (Random House Mondadori). Una autobiografía valiente, si se tiene en cuenta el calibre de las confesiones: la autora, licenciada en lenguas extranjeras y ex directiva de importantes multinacionales, admitió en sus páginas que había decidido trabajar durante cuatro meses como prostituta en una agencia de lujo como resultado de un fiasco económico-afectivo (ver entrevista).

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