Pico y plata

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CONSCIENTE DE SUS ATRIBUTOS ­-bilingüe, viajada, 1,75 de estatura, curvilínea, con la  tonicidad de quienes frisan los 20 años y porte de 'niña bien'-, un día reflexionó con frialdad de inversionista: "El mercado demanda niñas como yo y además me gusta el sexo. ¿Por qué no?". Y comenzó a tener relaciones a cambio de dinero sólo con tipos que fueran de su agrado y en horas que se camuflaran con su horario de universitaria.
Tal vez porque las 'chicas prepago'

-inmortalizadas en Sin tetas no hay paraíso- comenzaron a aullar, una nueva generación de prostitutas de élite ha aparecido en el mercado del sexo en Colombia: las 'niñas pico y placa'. Atrás están quedando los tiempos de la silicona y las proporciones equinas. Con sus caritas de 'yo no fui', las 'pico y placa' se han metido en el negocio del sexo por plata para satisfacer a quienes buscan discreción, apariencia natural y porte de novia de presentar a la familia.

El término comenzó a acuñarse hace unos tres años, inspirado en las horas de restricción vehicular y en la contundencia de la excusa que se puso de moda para justificar cualquier ausencia: "Es que me cogió el pico y placa". Una de las claves de la discreción de estas muchachas es precisamente que procuran ofrecer sus servicios en horas del día y, a diferencia de las 'prepago', no son damas de compañía ni pretenden ser las de lucirse con los amigos. Las 'niñas pico y placa' van directo al sexo en hoteles, moteles o apartamentos de los clientes y cobran tarifas que pueden ir de 300.000 a 500.000 pesos por tres horas. Su clientela es limitada -generalmente formada por grupos de amigos- y no necesitan pertenecer a alguna agencia ni hacerse publicidad en Internet.

Más 'hobby' que necesidad

Con ellas, el modelo de prostitución originado en las carencias materiales parece romperse por completo. Misael Tirado, candidato a doctor en Sociología Jurídica en la Facultad de Derecho de la Universidad Externado, adelanta una investigación sobre comercio sexual en Colombia y ha dedicado un capítulo aparte al fenómeno de las 'pico y placa'. "En ellas no existe el condicionante de la prostitución por necesidad

-dice el investigador-. La cuestión ya no es ofrecer sexo como resultado de dificultades económicas, ni prostituirse por rebeldía, ni por abuso sexual, ni por problemas psicológicos o desintegración familiar. Ellas tienen un discurso propio, hedonista y libre de remordimientos, que se nutre de los medios de comunicación".

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