Junio 1 de 2007

Pico y plata

Después de las 'prepago', una nueva modalidad de prostitución de élite aparece en Colombia: las 'pico y placa'.

CONSCIENTE DE SUS ATRIBUTOS ­-bilingüe, viajada, 1,75 de estatura, curvilínea, con la  tonicidad de quienes frisan los 20 años y porte de 'niña bien'-, un día reflexionó con frialdad de inversionista: "El mercado demanda niñas como yo y además me gusta el sexo. ¿Por qué no?". Y comenzó a tener relaciones a cambio de dinero sólo con tipos que fueran de su agrado y en horas que se camuflaran con su horario de universitaria.
Tal vez porque las 'chicas prepago'

-inmortalizadas en Sin tetas no hay paraíso- comenzaron a aullar, una nueva generación de prostitutas de élite ha aparecido en el mercado del sexo en Colombia: las 'niñas pico y placa'. Atrás están quedando los tiempos de la silicona y las proporciones equinas. Con sus caritas de 'yo no fui', las 'pico y placa' se han metido en el negocio del sexo por plata para satisfacer a quienes buscan discreción, apariencia natural y porte de novia de presentar a la familia.

El término comenzó a acuñarse hace unos tres años, inspirado en las horas de restricción vehicular y en la contundencia de la excusa que se puso de moda para justificar cualquier ausencia: "Es que me cogió el pico y placa". Una de las claves de la discreción de estas muchachas es precisamente que procuran ofrecer sus servicios en horas del día y, a diferencia de las 'prepago', no son damas de compañía ni pretenden ser las de lucirse con los amigos. Las 'niñas pico y placa' van directo al sexo en hoteles, moteles o apartamentos de los clientes y cobran tarifas que pueden ir de 300.000 a 500.000 pesos por tres horas. Su clientela es limitada -generalmente formada por grupos de amigos- y no necesitan pertenecer a alguna agencia ni hacerse publicidad en Internet.

Más 'hobby' que necesidad

Con ellas, el modelo de prostitución originado en las carencias materiales parece romperse por completo. Misael Tirado, candidato a doctor en Sociología Jurídica en la Facultad de Derecho de la Universidad Externado, adelanta una investigación sobre comercio sexual en Colombia y ha dedicado un capítulo aparte al fenómeno de las 'pico y placa'. "En ellas no existe el condicionante de la prostitución por necesidad

-dice el investigador-. La cuestión ya no es ofrecer sexo como resultado de dificultades económicas, ni prostituirse por rebeldía, ni por abuso sexual, ni por problemas psicológicos o desintegración familiar. Ellas tienen un discurso propio, hedonista y libre de remordimientos, que se nutre de los medios de comunicación".

La investigación de Tirado -presentada parcialmente durante el I Congreso Iberoamericano sobre Maltrato Infantil, llevado a cabo el 24 de mayo en la Universidad Javeriana- muestra que en las 'niñas pico y placa' se exacerba el discurso de las libertades individuales. "Es que soy muy arrecha, lo hago por placer", argumenta otra joven que se considera 'pico y placa'. Tiene 17 años, cursa tercer semestre de Derecho y vive con su papá, su mamá, su hermano y su nana en un barrio de estrato cuatro en Bogotá. Mantiene relaciones por plata con tres hombres -yuppies, según dice-, pero su vida sexual no se restringe a ellos. "En el colegio me comí a medio curso", confiesa, y añade que nunca se ha sentido utilizada. Todo lo contrario: "Para mí el cuerpo es un templo de adoración al erotismo", asegura.

Según Tirado, las 'pico y placa' asumen que ofrecerse por dinero es un periodo pasajero en sus vidas, no sienten el estigma de la prostitución y legitiman su conducta en el hecho de que les permite atesorar un capital económico hacia el futuro. "Es el placer que se encuentra en lo material y en el cuerpo -dice Tirado-. Los sentimientos de culpa en ellas son historia patria. Esta etapa de sus vidas no les deja cicatrices, sino la percepción de que han vivido y disfrutado plenamente su sexualidad". Otra de ellas -21 años, flaca, plana, con cuatro años de experiencia y 15 clientes a cuestas- dice sin empacho: "Cuando me consiga un hombre, será el de mi vida, porque ya habré conocido lo que he querido".

¿Adiós al tabú?

Las 'pico y placa' parecen llevar el tabú de la prostitución al borde de la extinción. Según Tirado, ellas dejan entrever que ofrecer sus cuerpos es el resultado del ejercicio de su libertad y su autonomía. "No estamos hablando de un problema, sino de una dinámica social", sostiene el sociólogo.

Una afirmación que, no obstante, tiene contradictores. Carlos Iván García, investigador experto en abuso y explotación sexual, se resiste a considerar que las 'pico y placa' se prostituyen por hobby y califica de aparente su bienestar. "En ellas la necesidad típica de la prostitución se sigue manteniendo, pero de otra manera -dice García-. Ellas sí experimentan cierta coacción social, una fuerte presión por el éxito y una enorme necesidad de conservar elevados patrones de consumo. Todo eso nos pone a dudar de que lo suyo sea un ejercicio de libertad y autonomía". Y no solo eso. El investigador también plantea que hasta cierto punto el sexo para ellas puede ser una forma de compensación afectiva. "La transacción económica es una simple excusa para negar un compromiso", puntualiza García.

El tabú no se ha roto, pero la práctica es cada día más visible. Actrices de televisión que se acuestan por dinero con futbolistas o paramilitares, prostitutas de élite que sin rubor cuentan sus vidas, mujeres ilustradas que confiesan que por aventurar lo han hecho por plata... Para muchos, las 'pico y placa' son la demostración de que los días del estigma de la prostitución están contados.

¿TUTORES O ABUSADORES?

Uno de los capítulos más llamativos de la investigación de Misael Tirado ha sido el que trata sobre la prostitución de adolescentes de estratos 4, 5 y 6. El investigador ha identificado grupos de muchachos, entre 14 y 18 años, estudiantes de colegios bilingües, pertenecientes a familias aparentemente funcionales, fanáticos de la ropa de marca y de los dispositivos electrónicos de última generación, y obsesivos con su apariencia física. La investigación reporta que algunos de ellos ya han pasado por el cirujano plástico para ponerse nalgas, pectorales y abdominales.

Aunque sus clientes son hombres, la mayoría de los jóvenes no califica sus conductas como homosexuales, sino como simples pasatiempos. Para Tirado, este tipo de prácticas, pese a ser ilegales cuando se realizan con menores, tienen varios elementos que remiten a la antigua Grecia, donde las relaciones sexuales entre tutores y pupilos eran permitidas por la sociedad. Un intercambio de placer por placer: unos dan lujos materiales y sabiduría; los otros su belleza y juventud. 

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