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La investigación de Tirado -presentada parcialmente durante el I Congreso Iberoamericano sobre Maltrato Infantil, llevado a cabo el 24 de mayo en la Universidad Javeriana- muestra que en las 'niñas pico y placa' se exacerba el discurso de las libertades individuales. "Es que soy muy arrecha, lo hago por placer", argumenta otra joven que se considera 'pico y placa'. Tiene 17 años, cursa tercer semestre de Derecho y vive con su papá, su mamá, su hermano y su nana en un barrio de estrato cuatro en Bogotá. Mantiene relaciones por plata con tres hombres -yuppies, según dice-, pero su vida sexual no se restringe a ellos. "En el colegio me comí a medio curso", confiesa, y añade que nunca se ha sentido utilizada. Todo lo contrario: "Para mí el cuerpo es un templo de adoración al erotismo", asegura.
Según Tirado, las 'pico y placa' asumen que ofrecerse por dinero es un periodo pasajero en sus vidas, no sienten el estigma de la prostitución y legitiman su conducta en el hecho de que les permite atesorar un capital económico hacia el futuro. "Es el placer que se encuentra en lo material y en el cuerpo -dice Tirado-. Los sentimientos de culpa en ellas son historia patria. Esta etapa de sus vidas no les deja cicatrices, sino la percepción de que han vivido y disfrutado plenamente su sexualidad". Otra de ellas -21 años, flaca, plana, con cuatro años de experiencia y 15 clientes a cuestas- dice sin empacho: "Cuando me consiga un hombre, será el de mi vida, porque ya habré conocido lo que he querido".
¿Adiós al tabú?
Las 'pico y placa' parecen llevar el tabú de la prostitución al borde de la extinción. Según Tirado, ellas dejan entrever que ofrecer sus cuerpos es el resultado del ejercicio de su libertad y su autonomía. "No estamos hablando de un problema, sino de una dinámica social", sostiene el sociólogo.
Una afirmación que, no obstante, tiene contradictores. Carlos Iván García, investigador experto en abuso y explotación sexual, se resiste a considerar que las 'pico y placa' se prostituyen por hobby y califica de aparente su bienestar. "En ellas la necesidad típica de la prostitución se sigue manteniendo, pero de otra manera -dice García-. Ellas sí experimentan cierta coacción social, una fuerte presión por el éxito y una enorme necesidad de conservar elevados patrones de consumo. Todo eso nos pone a dudar de que lo suyo sea un ejercicio de libertad y autonomía". Y no solo eso. El investigador también plantea que hasta cierto punto el sexo para ellas puede ser una forma de compensación afectiva. "La transacción económica es una simple excusa para negar un compromiso", puntualiza García.
El tabú no se ha roto, pero la práctica es cada día más visible. Actrices de televisión que se acuestan por dinero con futbolistas o paramilitares, prostitutas de élite que sin rubor cuentan sus vidas, mujeres ilustradas que confiesan que por aventurar lo han hecho por plata... Para muchos, las 'pico y placa' son la demostración de que los días del estigma de la prostitución están contados.