Viaje a la oscuridad

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En esa orgía gay todos sudan, los cuerpos desnudos, palpitantes los corazones. "Sientes el calor de otros cuerpos y el tacto ayuda a recordar, a saber quién te gusta y quién no -relata Francisco-. El olfato recoge los olores a sudor, semen, perfume y se sienten sabores dulces, ácidos, acres. Y claro,  hay tragos amargos". Francisco escribe en su casa lo que vivió, lo que sintió. Intenta explicarse por qué se arriesga tanto: "La adrenalina es mayor y altera el pulso en esa ruleta rusa donde se intercambian fluidos y temores, abandonos y reticencias -escribe en su diario-. En otras palabras, la aspirina existencial y la epifanía tienen lugar cuando se sale sin ruta ni mapa alguno que trace un camino a seguir. Afuera deben quedar el Levítico, Pablo y los demás beatos, lamas venerables, prefectos, los santos inocentes, rezos, oraciones y los ángelus". 

Para Francisco la experiencia de esas relaciones sexuales sin orden ni mesura, que es pecado para unos, para otros es casi una necesidad.  "¡Qué importa! Ya en la calle llegará otra vez el gran vacío -escribe-. Al menos alguna experiencia de estas puede significar algo parecido a lo que se supone que es la existencia".

Experiencias extremas que algunos buscan, como Francisco, que se dejan llevar por el deseo, tan fuerte, tan incontrolable. Es la pasión erótica en su máxima expresión, una pulsión que limita con la muerte, es la interrelación entre Eros y Thanatos. José Antonio Marina, autor del libro El rompecabezas de la sexualidad, asegura que el deseo es de los capítulos más enigmáticos e interesantes de la sexualidad. "Como ocurre con toda nuestra vida afectiva, que es imprescindible e incierta, no podemos vivir sin deseos, pero no podemos fiarnos de ellos", asegura Marina. La pasión erótica puede anular la capacidad de control del individuo y hasta es posible que consiga devorarlo. Es un arma de doble filo, un arma con la que hoy juegan muchos en un carnaval perpetuo, sin importar la identidad sexual, en busca de experiencias que se salgade la cotidianidad.  

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