Sobre los estudiantes como informantes

Por Germán Vallejo Almeida, consultor político.

La última de las "ventoleras" que al calor de los acontecimientos -como ya es usual en este Gobierno de uno solo- tomó el presidente Uribe en el sentido de ordenar el reclutamiento de estudiantes para que sirvan de informantes de la fuerza pública, refleja de cuerpo entero el talante de este Gobierno.

Empecemos por decir que la filosofía que encierra una propuesta de esta naturaleza es a todas luces contraria a la formación de mejores ciudadanos, que colaboren con sus autoridades por un sentido de civismo y solidaridad social, el cual debe ser pedagógicamente - y a través del ejemplo- transmitido desde el Estado.

La popularidad inmensa con que cuenta el presidente Uribe le da una gran potencialidad para ser no sólo el primer soldado, sino el primer pedagogo de la Nación; para estimular, entre otras cosas, valores cívicos y sentido de responsabilidad ciudadana que redundarían en elevar los niveles de la tan anhelada y cacareada cohesión social.

Por el contrario, el convertir el deber de solidaridad y de denuncia en una fuente de lucro, envía el mensaje de que por la plata baila el perro; el mismo mensaje con el que crecieron tantos  muchachos de las comunas de Medellín -y de otras partes del país- y por el cual hoy se estén matando entre ellos.

Pero además del mal mensaje filosófico que envía la iniciativa, creo que materialmente la propuesta será inocua - en el mejor de los casos- o lo más seguro, contraproducente.
Inocua porque no hay un nexo causal directo entre la información que jóvenes estudiantes -en su mayoría de clases medias- puedan conseguir en sus salones de clase y laboratorios y la violencia que se presenta en las comunas como fruto de los reacomodamientos en los organigramas de las organizaciones criminales, en la recepción de desmovilizados, en las acciones de los nunca desmovilizados y en últimas, el dinero (por la plata baila el perro) que mueve el narcotráfico.

Contraproducente porque al involucrar a un grupo de estudiantes directamente en el conflicto como agentes encubiertos, vuelve a todo el universo universitario objeto de sospecha y posible blanco de retaliaciones. Así mismo, no es descartable que a fin de justificar su paga, haya estudiantes que den informaciones falsas o al menos imprecisas o ambiguas, distrayendo así la atención de las autoridades de los verdaderos delincuentes y terroristas.

Estrechamente ligado con la idea anterior, está el hecho de que se le da un golpe de muerte a la autonomía universitaria, pues solo para empezar, habrá 10.000 agentes de inteligencia del Estado deambulando por los campus de las universidades como Pedro por su casa.

La lista de inconveniencias de la medida podría continuar, pero concluyamos diciendo que esta medida es un botón de muestra de lo que ha sido el accionar de este Gobierno en general. Un Gobierno que no corrige aún cuando las críticas sean autorizadas, legítimas y no provengan exclusivamente de la oposición, como en caso de los informantes universitarios, pues ve en la rectificación debilidad. Un Gobierno que no repara en los medios para alcanzar sus fines, así esto signifique interceptar teléfonos, comprar parlamentarios de manera descarada y grosera, reclutar jóvenes en Soacha para que terminen en Ocaña o, como ahora, que piensa reclutar 10.000 jóvenes en las Universidades para que terminen quien sabe dónde.

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