Lo que dificulta la viabilidad del Metro en Bogotá, son sus cimientos. Ellos son políticos, en lugar de técnicos. No existe un análisis que demuestre, más allá de toda duda razonable, que la ciudad necesita, en este momento de su historia, construir una línea Metro como acción determinante para resolver sus problemas de movilidad.
Se ha dicho que "los bogotanos votaron por el Metro". Es una afirmación que no resiste un análisis somero. Los electores depositan sus votos movidos por razones o impulsos muy diversos. Pero, además, es un argumento político completamente improcedente para justificar una decisión que no puede estar basada en nada distinto a análisis sólidos sobre los alcances y limitaciones del proyecto Metro en lo social, lo económico, lo financiero, y sobre su articulación con la movilidad como fenómeno integral. Decir que el debate sobre el Metro "fue saldado en las urnas", es renunciar al manejo responsable de los problemas urbanos y constreñir el derecho que tienen los ciudadanos - entre ellos una amplia gama de técnicos sin partido-, a participar en una decisión que afectará profundamente el futuro de la ciudad.
Ahora bien, esa discusión no puede llevarse a cabo bajo las condiciones en que se realizó la consultoría para estructurar el sistema Metro y su primera línea, es decir, partiendo de que la construcción del Metro está fuera de discusión, y que el elemento estructurante del transporte masivo en Bogotá debe ser el Metro. Un debate planteado en esos términos es inútil, tal como está ocurriendo con la discusión sobre la licitación del Sistema Integrado de Transporte Público. Alcalde: a la ciudad le irá bien - y por lo tanto a Usted le irá bien-, si se toman decisiones basadas en análisis juiciosos, sólidos; a la ciudad y a Usted les seguirá yendo mal si se toman decisiones basadas en consideraciones políticas, y en proyectar, a como dé lugar, una imagen siempre positiva de la Administración, así la realidad sea con frecuencia negativa.
La reciente comunicación del Departamento Nacional de Planeación sobre las falencias de los estudios para estructurar la primera línea del Metro, es un episodio más en el sendero tapizado de yerros de este proyecto. Apuntalado inicialmente sobre la falsa dicotomía Metro contra Transmilenio; promovido sobre la idea indefendible de que el Metro solucionará los problemas de movilidad y hará que los bogotanos se bajen del carro (basta ver los trancones de Ciudad de México o Sao Paulo, ciudades con varias líneas de Metro); mezclado indiscriminadamente con Tren de Cercanías y Troncales de Transmilenio; defendido financieramente con argumentos insostenibles como "el Metro se autofinanciará", o con suposiciones de nuevos recursos que dependerán de una eventual "densificación urbana que se generará a lo largo de su trazado"; estudiado casi en la clandestinidad a pesar de los reiterados planteamientos del Banco Mundial de "estructurar y llevar a cabo el proyecto desde un primer momento con participación ciudadana"; presentado el trazado de la primera línea como conclusión indiscutible sin que se sepa por qué ese es el mejor trazado y no otro; para encontrarnos ahora con las serias críticas de Planeación Nacional.
Alcalde: escuche las voces de quienes quieren contribuir al avance de Bogotá. Confié. No crea que todas ellas son de "enemigos políticos, huérfanos de poder". Un debate constructivo para mejorar las decisiones de la Administración es posible, sería saludable para la ciudad, y políticamente beneficioso para Usted. Pero un debate participativo, Alcalde, no seminarios para escuchar conferencistas, ni audiencias sólo con transportadores. La participación, Alcalde, es el derecho de los ciudadanos a incidir en el proceso de gobernar, y para ello se requiere un proceso de información suficiente y oportuna, y de diálogo sincero y permanente entre los interesados. Y es una alternativa para consolidar la viabilidad social y técnica de los proyectos de movilidad de la ciudad, incluido el del Metro.
Maria del Pilar Marulanda, Ph.D. en Estudios sociales de América Latina hace un análisis.
Gladys Fuentes vive en España y, en forma de cuento, narra una historia de colombianos en ese país.