Hace casi 200 años, el consejo de notables, integrado por criollos intelectuales y autoridades civiles, tramaron lo que sería el grito de independencia del 20 de julio de 1810. El plan consistía, palabras más, palabras menos, en provocar un disturbio que forzara al Virrey a instaurar la junta Suprema de Gobierno, integrada por dicho consejo de notables.
Este 18 de julio, con el fin de dar inicio a los eventos conmemorativos del Bicentenario del grito de independencia, cincuenta globos aerostáticos sobrevolarán la capital, con los rostros de próceres de aquella emancipación, muchos de los cuales integraron el consejo de notables de aquella época.
Al respecto, surgen innumerables reflexiones, que pueden ir desde la pregunta ¿qué ha ocurrido en este país desde que este grupo de criollos que ahora sobrevolará la ciudad logró entrar en camorra con el comerciante don José González Llorente? Hasta otras reflexiones como ¿qué objeto tiene sobrevolar el altiplano con los rostros de los próceres en un globo, junto a la consabida publicidad de operadores de telefonía móvil, y demás? ¿Qué relación guarda con la intención del grito de independencia ocurrido hace casi 200 años?
En otros países de Latinoamérica, como México, la conmemoración de la Independencia ha generado reflexiones, eventos con la participación de la ciudadanía, de la academia, el desarrollo de proyectos de identidad y de generación de conocimiento en relación con los procesos históricos, bibliotecas digitales, entre muchas otras cosas. A la luz de estos acontecimientos, es preciso preguntarse sobre la forma como estamos programando conmemorar el grito de independencia en Colombia.
Nos cabe responsabilidad a todos. De una parte, por supuesto, están los eventos programados por la institucionalidad como ministerios y secretarías de cultura y de educación, principalmente; también deben ser protagonistas los grupos de investigación, las universidades y en general la academia. De igual forma, la empresa privada tiene una responsabilidad al respecto que aún no ha asumido, salvo en la forma de la publicidad para financiar los globos con rostro de prócer.
Finalmente, tenemos responsabilidad los ciudadanos del común, quienes debemos informarnos mejor sobre la historia de nuestro país (ya hemos oído muchas veces la frase que dice que quienes no conocen su historia están condenados a repetirla) y también podemos generar procesos de reflexión sobre los valores que hace más de 200 años fueron expresados en la Carta de los Derechos del Hombre y el Ciudadano que tradujo del francés al español un líder de la época, Antonio Nariño.
En este contexto, entonces, eso que en principio parece un simple desfile de los líderes de entonces en pomposos globos aerostáticos, podría ser el inicio de una alianza mucho más fuerte, forjada entre la ciudadanía, la empresa privada, la academia y la institucionalidad, con el fin de generar procesos sostenidos de reflexión sobre los valores de la independencia, no para aprender discursos independentistas mandados a recoger, sino para fortalecer la identidad de un país que aún no termina de inventarse. Este es el verdadero reto de la conmemoración del Bicentenario. Ya veremos...
Por Carolina Barrera.
Maria del Pilar Marulanda, Ph.D. en Estudios sociales de América Latina hace un análisis.
Gladys Fuentes vive en España y, en forma de cuento, narra una historia de colombianos en ese país.