Radiografía del turismo sexual en Cartagena

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La muerte de Yesid Torres, un joven cartagenero de 15 años, a causa de una sobredosis de cocaína ha conmocionado a la sociedad de la 'Ciudad Heroica'. Yesid Torres había sido contratado por Paolo Pravisani, un pedófilo italiano de 72 años de edad, para proveer servicios sexuales bajo la fachada de ayuda doméstica en el apartamento que el italiano tenía en arriendo en un exclusivo sector de la ciudad. Un grupo de menores de edad y adultos jóvenes, entre los cuales se incluía el mejor amigo de Yesid, de 13 años, estuvo también involucrado. La principal obligación de Yesid, de acuerdo con el abogado que lleva el caso, era tomar parte en actos sexuales con otros menores de edad y jóvenes en presencia de Pravisani.

Yesid murió camino al hospital debido a la cocaína que había consumido en el apartamento del italiano. Una cámara fotográfica con abundante material pornográfico fue encontrada en el apartamento poco tiempo después junto con whisky, drogas y el mismo Pravisani, medio desnudo y en estado de ebriedad. No hubo ni un solo vecino en este denso sector de la ciudad que denunciara el ingreso constante de menores al apartamento durante los meses anteriores a la trágica muerte de Yesid.

Actualmente, el italiano está siendo procesado por los cargos de pornografía infantil, acceso carnal violento a un menor de 14 años, incitación a la prostitución y homicidio. Su juicio constituye un caso simbólico en el país, ya que - a pesar de la existencia de amplia evidencia que muestra cómo esta problemática ha venido empeorando durante los últimos años - es la primera vez que se juzga a un turista extranjero por crímenes sexuales que involucran menores en Colombia. Es probable que la condena que reciba Pravisani sea severa, con un mínimo de 15 años en prisión, lo que se espera genere un poderoso efecto disuasivo.

Turistas en búsqueda de sexo y drogas en Cartagena

No le toma mucho tiempo a un visitante extranjero en Cartagena descubrir lo que el mercado ofrece. Raimundo, el taxista que me recoge en el aeropuerto, me brinda inmediatamente sus servicios mientras pasamos a orillas del mar Caribe, en nuestra ruta hacia la ciudad amurallada. "Puedo conseguirle lo que usted quiera amigo, yo sé que usted debe estar buscando chicas. Le puedo conseguir chicas muy bonitas y voluptuosas inmediatamente". ¿Cuánto cuesta? le pregunto: "Es muy barato, dice él". ¿Niñas jóvenes?

"Lo que usted quiera, puedo conseguirle blancas, negras, jóvenes, viejas, vírgenes incluso... aquí esta mi numero". ¿Niños también? "¡Por supuesto!".

Una tarde en la playa, en el sector de Bocagrande, corrobora esta dinámica. Vendedores de fruta y masajistas se apresuran a ofrecer cocaína y "chicas". Estudiantes universitarias, llamadas prepago, pueden ser contratadas a través del intermediario adecuado. Se trata de hombres y mujeres jóvenes provenientes en su mayoría de las provincias, que viven y estudian en Cartagena y ofrecen sus servicios a turistas como acompañantes por algunos días, lo que incluye ir a la playa, a restaurantes y, por supuesto, sexo.

A la media noche, en un bar en el centro, docenas de estadounidenses, canadienses y europeos de edad madura, al igual que algunos colombianos, observan y bailan con mujeres en ropas ligeras, arregladas para aparentar 16 o más años. Una bailarina de striptease ambienta la escena. Es muy claro que muchas de las niñas son muy jóvenes: tienen entre 13 y 14 años y que portan contraseñas falsas. Los acuerdos se cierran abiertamente: los hombres abandonan el lugar con las niñas bajo sus brazos. Una línea de taxis espera afuera del bar y muchos hoteles baratos, abiertos 24 horas, se ubican a menos de una cuadra del lugar.

Cartagena está llena de hoteles pequeños 'por hora' que en su mayoría no restringen el sexo con menores, a pesar de que algunos de ellos ponen anuncios prohibiendo esta práctica en la recepción. El número creciente de apartahoteles, o lo que se denomina parahoteleria, es también parte del problema: arrendados por semana, con poca vigilancia y un elevado grado de autonomía para el cliente, estos lugares constituyen un lugar perfecto para el sexo ilícito con menores. Un bloque de apartamentos, ubicado en El Laguito, es un buen ejemplo de ello: un edificio grande, de pasillos intrincados, con numerosos apartamentos y bajos niveles de vigilancia en la puerta.

Los hoteles 5 estrellas tampoco están exentos. A pesar de su claro compromiso con asegurar el cumplimiento de las normas legales, empleados de estos hoteles confiesan en privado que los porteros y celadores nocturnos son susceptibles de ser sobornados para dejar pasar clandestinamente a las parejas menores de edad de sus huéspedes.

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