Si tomamos una muestra aleatoria de 10 personas evaluándolas antes y después de las festividades de fin de año, encontramos marcadas diferencias. La primera y más evidente es un incremento del peso entre un tres y un cinco por ciento. Esto significa que si el conjunto pesaba unos 700 Kg antes de las celebraciones, después de estas llega fácilmente a unos 730 Kg. Un excedente nocivo, ya que se trata de acumulación de grasa, que interfiere en el funcionamiento del cuerpo aumentando el riesgo natural de enfermedad y muerte.
Otro dato interesante corresponde al estado de la esfera mental. La deuda de sueño que supera las 15 horas y la exposición a riesgos como consumo de alcohol y la respiración de aire más contaminado llevan a trastornos como déficit de concentración, razonamiento discorde, ansiedad y sentimiento de culpa. Por otra parte, el incremento de los niveles de sedentarismo (la gente hace menos deporte y se mueve poco) reduce la capacidad física de trabajo y disminuye la eficacia del rendimiento corporal. A ello debe añadírsele que la gente tiene más débil su sistema de defensas y más riesgo de infecciones.
Esta es una condición inevitable por la tradición y la cultura. La recomendación es iniciar del mejor modo el año, una vez que han pasado los festejos para lograr la máxima recuperación.
Los siguientes consejos pueden ser muy útiles para reiniciar un programa de actividad física que lleve a preservar la salud física y mental, además de prevenir dolencias crónicas:
Maria del Pilar Marulanda, Ph.D. en Estudios sociales de América Latina hace un análisis.
Gladys Fuentes vive en España y, en forma de cuento, narra una historia de colombianos en ese país.