¡Ojo con la soledad!

No es extraño que un pequeño pase todo el día en una guardería. En muchos hogares ambos padres trabajan y ven tan sólo unas horas a sus hijos bien sea en la noche o en la mañana. Ese poco tiempo, por más intenso, no alcanza en ocasiones a colmar todas las necesidades afectivas que pueda requerir el niño. 

Lo mismo ocurre con los jóvenes que pasan todo el día, solitarios en sus casas; en los adultos que buscan tal vez una alternativa en la Internet, a causa tal vez de la soledad.
 
Para nadie es un secreto que muchas personas recurren a las páginas web para buscar amigos o parejas, muchas veces expuestos a los diversos peligros que encierra la red cuando no se maneja con cautela.

El tema de la soledad ha tomado gran importancia en este tiempo y algunos especialistas han llegado a considerarla un problema clínico que necesita una determinada terapia. De no ser reconocida o tratada puede dar pie a depresiones, aislamientos, ansiedades, y desatar graves tragedias como suicidios.

La mayoría de las personas que la sufre, no desea reconocerla por temor a la opinión de otros o por vergüenza, pero existe y está incrementándose en la población en general.

En antaño, la amistad era de gran importancia y respeto. A menudo la gente se reunía en las casas para, en torno a unas onces, platicar sobre sus vidas, sus trabajos, la situación del país, etc. Ahora, muchos no saben siquiera el nombre de los vecinos o las reuniones son exclusivas para tratar temas sobre el conjunto residencial al que pertenecen.

La gente sale de sus casas al trabajo y de él de nuevo a ellas, sin mayores vínculos sociales con su entorno.  Hace poco en un barrio de Bogotá, una mujer fue hallada ahorcada en el patio de su casa y sólo se supo del hecho cuatro horas después cuando una llamada, del jardín de su hija a un familiar, reportó que la señora no había recogido a la pequeña. Pueden pasar muchas cosas a nuestro lado, pero el cerrado mundo en que vivimos es cada vez más impermeable.

Tal vez, la amistad ha cobrado otro tipo de valores. Ya no hay amigos del alma sino del bolsillo, la oportunidad o la apariencia. Sumado a ello, el agite, las preocupaciones e incluso la economía dan poco espacio para reuniones. Cualquiera que sea el motivo, la soledad ha pasado de ser un estado normal en cualquier momento de la vida a convertirse, incluso, en un problema de seguridad.

Los niños se refugian en el televisor o en los videojuegos; los jóvenes, al no tener con quién hablar sobre lo que sienten, se refugian en el alcohol o en las drogas.  En ocasiones 'las malas amistades' hacen su aparición precisamente en jóvenes solitarios. En cuanto a los adultos, algunos dependen del cigarrillo, del alcohol e incluso de las compras compulsivas, para el caso de las mujeres.

Son enormes las cargas de tensión por las que pasa un ser humano: situación económica, familia, trabajo, pareja. Por ello se hace necesaria la implementación de programas que tiendan a descargar un poco el alma de la gente. Así como se realizan campañas contra numerosas enfermedades, se deberían realizar algunas con el fin de contrarrestar los efectos de la soledad, esta nueva "enfermedad" que está influyendo negativamente en la conducta de las personas.

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