Anita Brus, intérprete holandesa que estuvo este año en el Carnaval de las Artes de Barranquilla acompañando a la actriz Silvia Kristel, narra su experiencia sobre la vida cultural de esa ciudad.
El lugar en donde un grupo de escritores colombianos se emborrachaba a diario en nombre de la literatura, y cómo perdura este grupo en la élite cultural de la Barranquilla de hoy.
Cada año hay en Barranquilla, la ciudad colombiana donde Gabriel García Márquez vivió algún tiempo en los años cincuenta, un 'Carnaval de las Artes' que precede al verdadero carnaval de esa ciudad. Es un evento en el que participan escritores, actores y músicos, tanto latinoamericanos como europeos, organizado por Heriberto Fiorillo, quien es el eje de la élite cultural local. Fiorillo también es el director de 'La Fundación de La Cueva', una instancia cultural que debe su nombre a La Cueva, el bar que frecuentaba hace medio siglo un grupo de escritores importantes, entre ellos García Márquez.
La Cueva todavía existe, pero ahora no sólo es un bar sino también un restaurante y un museo. Con su 'Carnaval de las Artes', Heriberto Fiorillo se adapta a la fama del grupo que en aquel entonces frecuentaba La Cueva. Incluso escribió un libro sobre ellos.
¿Quiénes eran esos escritores exactamente, y qué relación existe entre ellos y el grupo en torno de Fiorillo que hoy en día determina el clima cultural en Barranquilla?
El pasado mes de febrero estuve en Barranquilla y aproveché la oportunidad para intentar responder esas preguntas. Estuve allí como intérprete de la actriz holandesa Sylvia Kristel, a quien Heriberto Fiorillo había invitado de parte de La Fundación de La Cueva para realzar el Carnaval de las Artes con su fama internacional. Tuvimos entrevistas con periódicos como 'El Tiempo' y 'El Heraldo' (el periódico en el que García Márquez escribía sus columnas), y paseamos por una Barranquilla carnavalesca. Habían puesto máscaras en las palmeras y adornos de muchos colores en las entradas de los hoteles. La ciudad todavía tiene edificios coloniales, pero muchas calles se parecen más a las de Los Ángeles.
García Márquez escribe en su autobiografia que en Barranquilla siempre ha existido un ambiente progresivo frente al nacionalismo centralista del interior, que cultivaba las viejas tradiciones coloniales. La ciudad era una puerta abierta al resto del mundo, y se desarrolló hasta convertirse en la primera ciudad cosmopolita de Colombia. Aquí todo entró primero; el primer coche, el primer avión, el primer ferrocarril, la navegación a vapor por el río Magdalena, sin olvidar a los primeros inmigrantes. Llegaron al muelle de Puerto Colombia que alguna vez fue el muelle más largo de Latinoamérica, y desde Puerto Colombia viajaron a Barranquilla por ferrocarril. Ya en los años cincuenta allí se bebía whisky escocés y vinos franceses, tanto como ron del Caribe y cerveza colombiana. Los escritores se sentían 'de aquí y del mundo', y leían novelas de Kafka, Sartre, Camus, Hemingway y Faulkner.
Ese ambiente cosmopolita todavía existe en Barranquilla. Nosotros visitamos el Country Club, los salones de belleza y las tiendas de moda, y en la noche cenamos en un restaurante libanés. Nos sentíamos más en los EEUU o en Europa que en Colombia. Sin embargo, estábamos
indiscutiblemente en Colombia, donde las mujeres figuran como estrellas o como marcos elegantes de los hombres que llevan la batuta. A Heriberto Fiorillo casi no lo vemos, pero, si una vez aparece con su figura corpulenta vestido de guayabera 'a la García Márquez', se hace notar por su autoridad.
Este año Sylvia Kristel era la estrella. La sentaron en una silla impresionante de rota, en un escenario formado por un mar de plantas tropicales, mientras era anunciada por una presentadora voluptuosa vestida en un catsuit centelleante y muy escotado. Antes de cada actuación, y como 'marco atractivo de la noche', la presentadora mencionaba el selecto surtido de patrocinadores, entre ellos empresas grandes , pero también algunas locales como los 'Gases del Caribe' y la 'Harina la Insuperable'.
No hay mujeres en el 'Grupo de Barranquilla', como llamaban al grupo de escritores y periodistas que empezaron a encontrarse a finales de los años cuarenta en distintos bares de la ciudad. Alguien los describió como "un grupo de hombres inmaduros que se emborrachaban a diario en nombre de la literatura". Ellos mismos se consideraban como "el grupo del ron, de la conversación, el arte, el periodismo y la litertura", aunque en realidad no se veían como un grupo. No había encuentros fijos, ni tenían un plan definido. Eran amigos que se juntaban alrededor del escritor catalán Ramón Vinyes que había huído de Franco, y que gozaba de gran prestigio en Barranquilla. Al núcleo central del grupo de amigos pertenecían Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, todos escritores y periodistas. También había unos pintores, un fotógrafo, un abogado y un músico en el grupo. En sus reuniones cotidianas hablaban de mujeres, del amor y de la muerte, sin muchas pretensiones literarias, pero siempre con una aversión al regionalismo del que culpaban a los cachacos, los escritores del frío interior del país. Pero, al fin y al cabo, les importaba solo la amistad. A Gabriel García Márquez le llamaban con cariño Gabo o Gabito, y todavía hoy en Barranquilla lo siguen llamando por su apodo cariñoso cuando lo nombran. Él mismo dijo una vez que sólo escribía para que sus amigos de Barranquilla lo quisieran más.
Muchas cosas suceden en Barranquilla con el pretexto de la amistad. Heriberto Fiorillo es muy amigo de su codirector, el escritor Efraim Medina Reyes, que a su turno es muy amigo de muchos otros. Así, hay un clan de colaboradores con quienes casi nunca se firma un contrato. Eso muchas veces tiene como consecuencia que se les puede 'olvidar' pagarles a los más pobres. Aquí la negligencia parece ser el reverso de la amistad.
Con todos los patrocinadores y actuaciones de escritores y artistas importantes, el Carnaval de las Artes es algo concebido a lo grande. Dura seis días y se realiza en un bello teatro en el que cada noche se destaca un cuadro vivo impresionante de personajes carnavalescos. A todos los invitados les dan una máscara de papel masticado después de cada actuación. A nosotros nos dieron una cabeza de tigre y una cabeza de cocodrilo, y después fuimos a La Cueva.
El bar de La Cueva todavía está en el mismo lugar que antes, pero el mural que estaba arriba del bar desapareció, así como las cabezas y pieles de animales trofeos de caza. A comienzos de los años cincuenta el lugar era una tienda frecuentada por cazadores y pescadores, hasta que llegó el grupo de escritores y artistas que, con permiso del dueño, transformó el mostrador en un bar. Así cambiaron el lugar en 1954 en "La Cueva, sitio de reunión de cazadores y de intelectuales". En el comienzo todos los cazadores, artistas, escritores, periodistas y abogados tenían su propio lugar, pero después se mezclaron, y el dueño se inventó el eslogan "rico rato sin libros ni patos" para el establecimiento.
Ahora hay un espacio para bailar al lado del bar donde a veces toca un grupo de músicos ante un muro pintado con tigres y plantas tropicales. Cuando nosotros estuvimos se bailó con entusiasmo y no se vieron ni libros ni patos. Hay retratos de Gabo y los suyos en las paredes, a pesar de que García Márquez en los años cincuenta casi nunca estuvo en La Cueva. En 1951 se fue a Cartagena para trabajar para El Universal, y después se marchó a Bogotá. A pesar de eso, Heriberto Fiorillo parece estar orgulloso de ser el dueño de "La Cueva, el bar restaurante que hicieron famoso Gabriel García Márquez y sus amigos".
Obviamente es parte de la idiosincracia caribe inflar las cosas para que parezcan un poco más grandes de lo que son en realidad. Fiorillo hace furor realizando algo que está fuera de sus posibilidades. Invita a gente importante (como el escritor italiano Roberto Saviano y la escritora colombiana Laura Restrepo), nombres que le sirven al Carnaval de las Artes para presumir pero que al fin y al cabo no asisten. Algunos patrocinadores abandonan el proyecto a causa de que no puedan pagar los sueldos.
En la costa caribe de Colombia muchas de las cosas no son lo que parecen. Estuvimos en un hotel colonial aparentamente precioso, pero resulta que el dueño está quebrado y el aire acondicionado gotea por todas partes. Existe una élite cultural que vive bien mientras no parece preocuparse mucho por los demás. En la sombra de sus antecesores ilustres, forman hoy un nuevo grupo de amigos que se encuentran en La Cueva, junto con los invitados del Carnaval de Las Artes.
Cazadores y pescadores ya no son desde hace mucho tiempo los asiduos visitantes de La Cueva , y menos es Gabito. Hace tiempo que no se le ve en Barranquilla, y casi todos sus amigos de entonces han muerto.
Por Anita Brus.