La Cueva de Barranquilla

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El bar de La Cueva todavía está en el mismo lugar que antes, pero el mural que estaba arriba del bar desapareció, así como las cabezas y pieles de animales trofeos de caza. A comienzos de los años cincuenta el lugar era una tienda frecuentada por cazadores y pescadores, hasta que llegó el grupo de escritores y artistas que, con permiso del dueño, transformó el mostrador en un bar. Así cambiaron el lugar en 1954 en "La Cueva, sitio de reunión de cazadores y de intelectuales". En el comienzo todos los cazadores, artistas, escritores, periodistas y abogados tenían su propio lugar, pero después se mezclaron, y el dueño se inventó el eslogan "rico rato sin libros ni patos" para el establecimiento.


Ahora hay un espacio para bailar al lado del bar donde a veces toca un grupo de músicos ante un muro pintado con tigres y plantas tropicales. Cuando nosotros estuvimos se bailó con entusiasmo y no se vieron ni libros ni patos. Hay retratos de Gabo y los suyos en las paredes, a pesar de que García Márquez en los años cincuenta casi nunca estuvo en La Cueva. En 1951 se fue a Cartagena para trabajar para El Universal, y después se marchó a Bogotá. A pesar de eso,  Heriberto Fiorillo parece estar orgulloso de ser el dueño de "La Cueva, el bar restaurante que hicieron famoso Gabriel García Márquez y sus amigos".

Obviamente es parte de la idiosincracia caribe inflar las cosas para que parezcan un poco más grandes de lo que son en realidad. Fiorillo hace furor realizando algo que está fuera de sus posibilidades. Invita a gente importante (como el escritor italiano Roberto Saviano y la escritora colombiana Laura Restrepo), nombres que le sirven al Carnaval de las Artes para presumir pero que al fin y al cabo no asisten. Algunos patrocinadores abandonan el proyecto a causa de que no puedan pagar los sueldos.

En la costa caribe de Colombia muchas de las cosas no son lo que parecen. Estuvimos en un hotel colonial aparentamente precioso, pero resulta que el dueño está quebrado y el aire acondicionado gotea por todas partes. Existe una élite cultural que vive bien mientras no parece preocuparse mucho por los demás. En la sombra de sus antecesores ilustres, forman hoy un nuevo grupo de amigos que se encuentran en La Cueva, junto con los invitados del Carnaval de Las Artes.

Cazadores y pescadores ya no son desde hace mucho tiempo los asiduos visitantes de La Cueva , y menos es Gabito. Hace tiempo que no se le ve en Barranquilla, y casi todos sus amigos de entonces han muerto.
 
Por Anita Brus.

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