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Francia siguió la pista y se convirtió en el primer país de Europa en reaccionar al destinar recursos del orden de los 1.400 millones de dólares que le permitieron garantizar la disponibilidad de 94 millones de vacunas -con las cuales hoy está inmunizada la totalidad de su población-. En el siguiente lote entraron Reino Unido, Alemania, España, Holanda, Suiza y otras naciones de Europa occidental, que se encuentran en la actualidad en una masiva estrategia de aplicación universal del biológico.
China, entre tanto, decidió no hacer la fila ante los gigantes de la industria farmacéutica y autorizó al laboratorio local Sinovac-Biotech para que produjera inicialmente unas 100 millones de dosis. Así, se convirtió en el primer país del mundo en iniciar una vacunación masiva, situación que ocurrió el 1° de octubre, día en el que celebraron el aniversario 60 de la fundación de la República Popular China.
Frente a esa menguada disponibilidad de vacunas, a los países pobres o emergentes no les quedó más remedio que conformar bloques para negociar con los grandes laboratorios los remanentes de vacunas. Colombia está en ese lote de naciones.
"Dependiendo de las gestiones de la Organización Panamericana de la Salud, calculamos que las vacunas llegarán a Colombia en febrero próximo", afirmó el viernes el ministro de Protección Social, Diego Palacio. Hace un mes, el director del Instituto Nacional de Salud, Juan Gonzalo López, había mainfestado que la llegada de las dosis estaba prevista para finales de diciembre.
Por ahora, los grandes ganadores de la epidemia son las multinacionales farmacéuticas, que han visto cómo su año financiero se aseguró por cuenta de la producción y venta de las vacunas. Según una investigación publicada en el diario francés Le Monde, el terror causado por la pandemia significó un crecimiento de utilidades del orden del 40 por ciento.
Por: Carlos Sandoval,
editor de Ciencia de CAMBIO