Septiembre 30 de 2009

Tratamiento de la depresión y de otros desórdenes mentales reduce el riesgo de maltrato infantil

Expertos dicen las autoridades responsables del bienestar infantil deben establecer programas de intervención para tratar la agresión y violencia de pareja en los programas de protección de menores.

En los últimos dos años, Selena había estado hospitalizada cuatro veces por asma severa. La última vez que el médico la dio de alta le recetó varios medicamentos, y 10 días después ella manifestó que se sentía 'bien' a pesar de que presentaba jadeos dispersos. La verdad era que la niña, de 6 años, no estaba recibiendo el tratamiento completo. El médico de atención primaria además notó que había faltado a varias citas y que el padre no se esforzaba por dejar de fumar. Luego se enteró de que el hombre había perdido el trabajo recientemente y que tanto él como su madre se sentían deprimidos.

 Selena era una víctima de la negligencia -una forma de maltrato infantil que se suma a las agresiones físicas y psicológicas- originada en las afecciones emocionales de sus padres. La semana pasada, durante el XVII  Congreso Colombiano de Prevención y Atención del Maltrato Infantil llevado a cabo en Bogotá, su caso fue recordado por Howard Dubowitz, profesor de Pediatría de la Universidad de Maryland (Estados Unidos), para hacer notar que la desatención o las agresiones contra los niños no siempre se deben a la falta de medidas punitivas sino de servicios de salud mental.

Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), solo el año pasado en Colombia fueron presentadas 40.319 denuncias por maltrato infantil. La mitad de ellas correspondieron a maltrato físico, el 40,4 por ciento a negligencia, el 8,7 a maltrato psicológico y el 0,9 a maltrato al niño en gestación.

Aunque no hay cifras consolidadas sobre cuántos de esos casos estuvieron asociados a un trastorno mental de los padres o cuidadores, para los expertos cada día es más claro que intervenciones psicológicas oportunas habrían evitado muchos de ellos.

Esa es una de las conclusiones de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane (EE.UU.) en un estudio publicado en el American Journal of Public Health, donde detectó una relación casi directa entre la depresión -y otra serie de psicopatologías- con situaciones de maltrato frecuente de madres hacia sus hijos. El informe en mención también estableció que aquellas mamás que han sido víctimas de agresiones de sus correspondientes parejas tienen una mayor propensión a tratar a sus propios hijos con violencia desmedida.-e acuerdo con la explicación del psiquiatra Jorge Tamayo, investigador del Departamento de Farmacología y Psiquiatría de la Universidad de Antioquia, lo que han reflejado los diferentes estudios es una evidente conexión entre la presencia de cuadros de depresión en adultos y el aumento del riesgo de violencia hacia los menores en el seno del hogar. "Obviamente, la depresión es una alteración que afecta a los hijos pequeños en forma de maltrato -no siempre intencionado-, que se puede reflejar en el sometimiento de los niños a ciertos tipos de negligencia", explica Tamayo.

Precisamente hacia allá apuntan las conclusiones de los investigadores de la Universidad de Tulane -liderados por la psiquiatra Catherine A. Taylor-, quienes consideran que en estos casos la depresión de los progenitores agresores puede ser, además, una consecuencia directa de la violencia entre cónyuges.

Llama la atención que los científicos estadounidenses descarten, así mismo, que algunas de esas situaciones de violencia contra bebés y niños pequeños dentro de su entorno familiar tengan una relación directa con manifestaciones producidas por la depresión posparto y el estrés de la crianza de los progenitores. En este caso, a juicio de los investigadores, tanto el estrés y los desórdenes mentales en la mujer -e inclusive en el hombre- pueden ser consecuencia de la violencia de pareja, que después se revierte inexorablemente en los hijos.

Punto de vista que comparte Tamayo, al mencionar que tales eventos traumáticos de violencia intrafamiliar pueden incluso provocar alteraciones biológicas en los menores, lo que facilita el desarrollo de cuadros psicopatológicos. "No conocemos bien el mecanismo, pero hay evidencia de cambios en la forma de expresión de los genes por causa de situaciones de violencia reiterativa y constante", señala el experto de la Universidad de Antioquia.

Por eso, desde su perspectiva y experiencia profesional, una madre que presente cuadros de depresión debe ser debidamente tratada. De no ser así, expone la integridad física -e inclusive mental- de los niños, bien sea por negligencia en el cuidado o por acciones directas de maltrato.

Desde esta óptica, no son pocos los expertos y los estudiosos del tema que consideran que las acciones de prevención y erradicación del maltrato infantil deben integrar las acciones disuasivas -que castiguen a quien ejerza a cualquier tipo de violencia contra los niños y niñas- con un componente terapéutico psicológico y psiquiátrico.

Estrategia errada

Así, el investigador de la Universidad de Antioquia es claro en afirmar que además de asumir la responsabilidad penal, es importante que el agresor sea sometido a una evaluación psiquiátrica y, si es del caso, a un tratamiento. "Es la mejor forma para que la mamá o el papá aprenda a controlar ese comportamiento. De lo contrario, después de cumplir con su pena seguirá siendo una madre o un padre maltratador", dice el especialista.

En tal sentido, la médica psiquiatra y directora de la Asociación Afecto, Isabel Cuadros, agrega que aunque desde ningún punto de vista existe excusa para justificar el maltrato infantil en cualquiera de sus manifestaciones, hay que ser conscientes de que este comportamiento también obedece a un trastorno mental, y de ahí que la intervención deba ser integral. La especialista hace mención a estudios científicos que indican cómo el tratamiento terapéutico de la depresión en madres ha logrado reducir en cerca del 50 por ciento el riesgo tanto de maltrato como de negligencia en el cuidado de sus respectivos niños.

Así, aunque las investigaciones apuntan a la existencia de componentes psicopatológicos en los comportamientos agresivos de padres y adultos hacia los niños, la psiquiatra Catherine Taylor insiste en la necesidad de indagar con mayor profundidad sobre la incidencia de esos desórdenes en el riesgo de violencia familiar y maltrato infantil.  

La especialista concluye que las autoridades responsables del bienestar infantil deben establecer, así mismo, programas de intervención para tratar la agresión y la violencia de pareja en los programas de protección de menores, como medida alterna para prevenir el maltrato en los niños.

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