Agosto 5 de 2009

Alimentos orgánicos ¿Más saludables?

Un estudio británico controvierte la supuesta superioridad nutricional de los alimentos orgánicos y enciende una aguda polémica.

'Zozobra', 'entredicho' o 'veremos' son quizá tres de los términos que mejor definen la posición en la que quedó aquel mito -hasta ahora incuestionable- que señala que los productos orgánicos son, de lejos, los más saludables de la pirámide alimenticia.

Y los culpables de esa 'desmitificación' son unos investigadores británicos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres que, después de analizar 162 estudios científicos realizados durante los últimos 50 años -donde se evaluó el valor nutricional de los diferentes tipos de alimentos- establecieron que a pesar de la creencia generalizada, los productos orgánicos no tienen mayores ventajas en la salud que los producidos a través de otra serie de procesos más convencionales.

Los alimentos orgánicos son aquellos que para su producción no requieren de productos químicos como herbicidas, fertilizantes o pesticidas, por lo que -en teoría- son más saludables y amigables con el medio ambiente.

Según los investigadores -las conclusiones están en la actual edición de la American Journal of Clinical Nutrition (AJCN)-, la evidencia científica disponible demuestra que la calidad entre las verduras, frutas y hortalizas de ambos orígenes es similar en cuanto a cantidad de nutrientes, vitaminas, calcio y hierro. Igual sucede con la carne, los huevos y los lácteos.

Las diferencias más notables entre unos y otros es que los cultivos orgánicos tienen mayores niveles de fósforo, y los tradicionales más cantidad de nitrógeno. No obstante, el artículo del AJCN señala que esta condición no es relevante en términos de salud pública. "En nuestra revisión sistemática de estudios de calidad encontramos que las pequeñas diferencias en el contenido de nutrientes detectados son biológicamente verosímiles y la mayoría se refiere a la diferencia en los métodos de producción", dice el nutricionista Alan Dangour, autor principal del artículo.

La investigación de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres se realizó por encargo de la Food and Standar Administration (FSA) -organismo que fija las normas sanitarias del Reino Unido- y tuvo como propósito que la gente tuviera información suficiente y confiable a la hora de elegir los alimentos para su consumo.

"El estudio no busca realizar ningún tipo de recomendación para que se compre uno u otro alimento -señala la FSA en un comunicado-. Lo que se pretende es reflejar que existe muy poca diferencia nutricional y que no hay pruebas suficientes que manifiesten beneficios significativos desde el punto de vista de salud".

Orgánicos contraatacan

Por supuesto, los grupos que promueven el consumo de productos orgánicos ya han enfilado sus críticas contra el estudio, al que consideran poco riguroso en la medida que desestimó el efecto perjudicial de algunas sustancias químicas utilizadas en los métodos convencionales de producción. "No tuvieron en cuenta el impacto de los pesticidas, herbicidas o antibióticos, cuyo uso está prohibido en la agricultura orgánica", manifiesta Peter Melchett, director de política de la Soil Association, organización internacional que defiende la producción ecológica de comida.

En un documento de respuesta a la FSA, la Soil Association expresa su molestia porque los investigadores tampoco consideraron un estudio realizado por científicos de 31 universidades de Europa -patrocinado por la Unión Europea- que en sus conclusiones preliminares destacó beneficios tanto en la comida orgánica como en sus procesos de producción. Esa organización se refiere a un trabajo liderado por el PhD en Agricultura Ecológica de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) Carlo Leifert, cuyos resultados finales aún no han sido publicados.

Según la Soil, los hallazgos parciales de la investigación de la Unión Europea indican que los niveles de unos compuestos nutricionalmente convenientes (antioxidantes, vitaminas, glucosinolatos) mostraron ser superiores en los orgánicos. Estas sustancias ayudan a combatir tanto el cáncer como las enfermedades cardiovasculares.

Además, los niveles de ácidos grasos, como los omega 3, son 60 por ciento superiores en la leche y los productos lácteos orgánicos, mientras que los niveles de vitamina C son hasta un 90 por ciento superiores en las hortalizas y las frutas. La investigación  también señala que los niveles de compuestos nutricionalmente indeseables (micotoxinas, cadmio y níquel) son menores en los cultivos orgánicos.

Aunque estos defensores de lo orgánico dicen reconocer que el estudio de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres es un trabajo serio, también aseguran -en un contrasentido- que "a primera vista, la investigación parece ser un pieza bastante limitada de análisis".

Por lo pronto, los expertos rematan con la muletilla de siempre: habrá que esperar nuevas investigaciones.

Un mercado que crece como pasto

Es un hecho que el mercado de los productos orgánicos es uno de los que registra mayor crecimiento en la industria alimenticia.

De acuerdo con la publicación estadounidense Natural Foods Merchandiser, solo en Estados Unidos los consumidores invierten anualmente unos 51 millones de dólares en alimentos de esta naturaleza, mientras que en el mundo se destinan unos 25 millones de hectáreas de tierra para su cultivo.

En Latinoamérica el panorama es similar y Colombia empieza a ubicarse en los lugares de privilegio, con una penetración regional de alimentos orgánicos con cerca del 6 por ciento de la producción total. Las cifras indican que Argentina es líder, seguido por Uruguay, Brasil y Chile.

El Ministerio de Agricultura calcula que el número actual de hectáreas destinadas en Colombia para la producción orgánica está en el orden de las 50.000. A principios de siglo se destinaban cerca de 20.000.

Colombia orgánica

Un sondeo de Opinómetro-Datexco realizado en las 13 principales ciudades, reveló que 57 de cada 100 colombianos creen que estos alimentos son más saludables que los producidos convencionalmente. Trece de 100 dudan de esa apreciación y el resto no tiene idea sobre cuál de los dos es la mejor alternativa alimenticia.

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