"Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre", podría ser un adagio popular propicio para aquellas mamás -y papás- sobreprotectores que en cualquier rastro de mugre, polvo, suciedad, pasto o tierra ven 'peligrosísimos' agentes patógenos que atacarán sin piedad la integridad de sus hijos.
Aunque es un hecho que las costumbres de aseo se han constituido en una de las herramientas fundamentales para reducir la incidencia de las enfermedades infeccionas -los estudios epidemiológicos así lo confirman especialmente en los países del hemisferio occidental-, evidencia científica está revelando que el exceso de higiene también ha facilitado el incremento, entre otros, de la enfermedad de Crohn, un mal autoinmune en el cual el sistema inmunitario del individuo ataca su propio intestino, lo que produce inflamación.
Esto fue lo que detectaron recientemente los investigadores del proyecto Microbioma Humano, una iniciativa científica global cuyo propósito es armar el 'mapamundi' bacterial del cuerpo humano para detallar la función particular y los pesos y contrapesos de los microorganismos en la salud de los hombres.
Los resultados previos de ese proyecto corroboran en parte la 'hipótesis de la higiene', teoría muy en boga en los años setenta y ochenta que achacó a las prácticas de limpieza y de asepsia extrema en los niños el incremento de las alergias.
Según el planteamiento, si bien es cierto que hay que inculcar los hábitos de higiene, también hay que permitir a los niños entrar en contacto con la suciedad propia del ambiente, porque ello hará que el sistema inmunitario reconozca y contrarreste las bacterias y los potenciales agentes infecciosos, según explica el alergólogo Antonio Valero.
En ese sentido, de acuerdo con la investigación de Francisco Guarner, fisiopatólogo del hospital de la Vall d'Hebrón de Barcelona y científico del proyecto Microbioma Humano, la higiene llevada al extremo puede ser la causa por la cual la incidencia de enfermedades autoinmunes se multiplicó por cinco en los últimos años. Según esta hipótesis, la asepsia habría eliminado bacterias esenciales para el equilibrio metabólico de los pacientes.
Bacterias amigas
Por eso, según explicó el científico, la mayor incidencia de la enfermedad de Crohn podría responder, entre otras causas, a la desaparición de las bacterias que en el sistema intestinal ayudan a regular y a programar el sistema inmunitario, por ejemplo. El investigador mencionó que han detectado que la microbiótica de los niños sanos es diferente a la de los niños con problemas de alergia y de otros males.
En ese orden de ideas, un estudio realizado por un equipo médico compuesto por científicos de las universidades de Yale y de Chicago encontró evidencia de que existe una serie de bacterias en el intestino que, al evitar que el sistema inmune ataque a las células del páncreas, protegen al organismo del desarrollo de la diabetes tipo 1 o infantil. Se cree que la ausencia de estos microorganismos es uno de los factores generadores de esta dolencia. La investigación fue publicada en la reciente edición de Nature.
Los mismos investigadores también observaron una gama de bacterias intestinales que tienen la función esencial de extraer las partículas energéticas de los alimentos y cuya diversidad y número son mayores en los hombres delgados que en los obesos.
Así mismo, un estudio del Instituto de Ciencias del Genoma de la Escuela de Medicina de Washington estableció que la ausencia o presencia de bacterias de esta naturaleza, que inciden en el metabolismo de los lípidos y carbohidratos, influye no solo en la obesidad sino también en la síntesis de las vitaminas.
Ese fue el sentido de una investigación publicada en el Journal of Allergy and Clinical Immunology, según la cual aquellos menores de edad -e inclusive los adultos- con una mayor diversidad de flora bacteriana tienen menores posibilidades de aumentar de peso y cuentan con un sistema inmunitario más fuerte.
Estos son algunos de los argumentos que investigadores del proyecto Microbioma han utilizado para explicar, de algún modo, cómo la aniquilación de algunas bacterias está incidiendo en la proliferación de un buen número de enfermedades 'contemporáneas'.
No obstante lo anterior, los mismos científicos consideran que el problema no es la higiene como tal, sino el exceso con que la aplica una nueva generación de padres sobreprotectores. "Es clave que los niños estén en ambientes higiénicos y limpios, pero también es bueno que salgan a la calle, que entren en contacto con la naturaleza, con las plantas, con la tierra, con los animales. Hay que buscar el equilibrio", dice Guarner.
Con él coincide el alergólogo Valero, quien considera que la higiene tiene que ser vista desde una perspectiva más amplia, en la que el aseo sea parte esencial de los hábitos de vida saludable, sin llegar a tocar los límites de la obsesión.
Esa es parte de la esencia del proyecto Microbioma Humano, el cual -según explicó Guarner- quiere evaluar el impacto que la eliminación indiscriminada de bacterias tiene en la salud. "El problema no es la higiene per se -concluye Guarner-. El inconveniente es que no es selectiva y se han aniquilado algunos viejos amigos".