(Página 1 de 3)
Desde cuando Esther Pereira, de 50 años, recibió un diagnóstico de cáncer en un ovario, ha pasado 12 meses de peregrinación entre consultorios de médicos, oncólogos y cirujanos, en busca de, por lo menos, una forma de paliar la enfermedad que la está consumiendo.
El diagnóstico fue tardío y no por descuido pues, como muy pocas personas, se sometía cada seis meses a exámenes clínicos porque la historia familiar le indicaba que era de alto riesgo: su mamá y tía fueron víctimas del cáncer. Los resultados de los análisis siempre salieron negativos. "El doctor me decía que todo estaba en orden, no entiendo qué pasó", dice Esther con frustración.
De hecho, el tumor fue descubierto casi por azar, después de dos semanas de consultas por un dolor intenso en la zona de la cadera, y de tomar calmantes y analgésicos diferentes.
En un servicio de urgencias y tras varios análisis, el médico que la atendió decidió ordenarle una ecografía que fue la que reveló que tenía cáncer avanzado de ovario, que requería ser extirpado mediante cirugía. Esther vive para contar su historia, a pesar del diagnóstico tardío.
El cáncer de Esther es uno de los 70.000 nuevos casos reportados en 2008, según el Instituto Nacional de Cancerología (INC), y refleja el crecimiento de ese mal en el país.
En 2005, la incidencia de la enfermedad era de 61.000 casos nuevos, 9.000 menos que en el último año, diferencia que, sin embargo, los epidemiólogos no consideran significativa en términos estadísticos porque, a su juicio, deben evaluarse periodos más largos -quinquenios o decenios- para poder establecer tendencias en males crónicos como el cáncer.
No obstante estas observaciones, el número creciente de afectados por la enfermedad preocupa sobremanera a las autoridades de salud. "No puede negarse que hoy se registra un mayor número de nuevos pacientes", dice Raúl Hernando Murillo, director de Investigación, Vigilancia Epidemiológica, Promoción y Prevención del INC, quien atribuye el fenómeno al aumento de los factores de riesgo.
Murillo sostiene que una de las razones que explican el alto número de casos es la falta de una respuesta adecuada del sistema de salud que permita la detección oportuna de tumores.
"Debería existir un programa y un organismo que vigile, controle y regule los procedimientos y que, además, garantice el acceso a un diagnóstico oportuno", dice el investigador. En el mismo sentido se expresó el director del INC, Carlos Vicente Rada.
"La ausencia de ejes de acción unificados de promoción y de prevención del cáncer altera la gestión eficiente de los recursos -asegura-. Si hubiese prevención, el sistema de salud se ahorraría el 40 por ciento de dinero que se invierte tanto en tratamientos como en medicamentos".
Los expertos consultados coinciden, además, en que el modelo del sistema de seguridad social colombiano estimula en forma perversa la detección tardía de la enfermedad.
"El sistema está diseñado para dilatar los procesos, los pacientes deben someterse a dilaciones para llegar a los especialistas, para que les autoricen oportunamente los exámenes -afirma Murillo-. Por eso muchos llegan tarde al diagnóstico y, en consecuencia, al tratamiento y a la cura, e infortunadamente algunos no alcanzan a vivir".
Esta situación está reflejándose en la población infantil y juvenil. Según Libia Naranjo, directora de la Fundación Sanar, que atiende a menores con cáncer de familias de escasos recursos, les están llegando niños en situación avanzada de la enfermedad que "no fueron diagnosticados oportunamente, quizá por una errada interpretación de los signos y síntomas de quien les dio la primera atención".
Cadena de males
El diagnóstico tardío no es el único problema. A él se suman la mala calidad de los exámenes y los procedimientos, y la poca idoneidad de quienes hacen las pruebas. "Es frecuente encontrar citologías, endoscopias y mamografías con resultados equívocos -afirma Rada-. Es un riesgo enorme para una persona que cree no tener nada y cuya esperanza de vida puede estar reduciéndose sin que se dé cuenta".
Los casos se multiplican. Según el Instituto Nacional de Salud, de los 420 laboratorios de patología y citología que existen, solo 120 -30 por ciento- realizan controles necesarios de procedimiento y adelantan procesos de control de calidad. De ahí que cerca de 1,2 millones de citologías que se practican cada año, 120.000 no son confiables por errores en la toma de la muestra, el proceso y la lectura del examen.
Es decir, el 10 por ciento, seis puntos por encima del promedio tolerable establecido por la OMS, que es de 4 por ciento. Conscientes del problema y con el fin de mejorar los estándares y reducir el margen de error, desde mediados del semestre pasado el Ministerio de Protección Social y el INS adelantan en 18 departamentos un plan de capacitación con técnicos en citología, médicos, patólogos y enfermeros.