Quince minutos diarios para hablar y escuchar es un primer paso para fortalecer la confianza entre padres e hijos y reducir el riesgo de drogadicción.
La visita de 4.800 jóvenes -783 de ellos menores de edad- a los servicios de urgencias de la red de hospitales públicos de Bogotá por sobredosis de droga en el último año, es un indicador que hoy tiene a los especialistas y a las propias autoridades de salud en estado de alerta.
A pesar de la magnitud de esta cifra -la cual, según el Ministerio de la Protección Social, puede estar reflejando un comportamiento similar en el ámbito nacional-, hoy no existe en el país un consenso sobre qué camino tomar para contrarrestar el aumento en los índices de consumo. Mientras el Gobierno Nacional propone una ley de penalización de la dosis mínima, la academia, la comunidad médica y los líderes de opinión en general consideran que, más que una acción punitiva, lo primordial es la prevención.
Esta última fórmula es la que, precisamente, está implementando el Centro de Información Nacional de la Salud Mental, de Estados Unidos, mediante la campaña 15+, que tiene como propósito cortar desde la raíz el riesgo de los jóvenes a las sustancias tóxicas. La estrategia: estimular el diálogo activo entre padres e hijos. La propuesta es sencilla, según explica el psiquiatra y experto en salud mental José Posada Villa: "La idea es que tanto papás como hijos destinen diariamente por lo menos 15 minutos continuos para hablar y escuchar acerca de sus actividades, su cotidianidad, su vida, sus temores, sus alegrías, sus problemas y sus necesidades".
De este modo, dice el especialista, el modelo fortalece las relaciones, consolida la interacción, aumenta la confianza, promueve la comprensión e incrementa el afecto entre los miembros de la familia. "Los niños y jóvenes adquieren seguridad en sí mismos cuando sLe sienten protegidos, queridos y sus opiniones y puntos de vista son valorados".
Esa seguridad es la que, a juicio del psiquiatra infantil y de adolescentes Álvaro Franco, se asocia a la reducción del riesgo de drogadicción, de alcoholismo, de violencia juvenil y de actividad sexual irresponsable. "Es una forma de recuperar esos momentos de convivencia que se han ido diluyendo en los hogares por la dinámica del mundo actual -agrega el experto en población joven e infantil-. La realidad muestra que a pesar de compartir el mismo techo, los niños están creciendo solos y tienen menos posibilidades de diálogo con sus papás".
Calidad, no cantidad
Los especialistas advierten que el asunto no se puede reducir a establecer una cita más de la agenda cotidiana, con cronómetro en mano y un horario fijo. "El debate no se debe centrar en la cuantificación sino en la cualificación del tiempo", señala Franco.
En ese orden de ideas, Posada agrega que se busca propiciar todos los días un espacio de diálogo, de intercambio y de acercamiento que genere sentimiento de confianza, afecto y seguridad mutua, sin recriminaciones y con mucha comprensión. "Si un joven sabe que tiene apoyo incondicional de sus padres, las posibilidades de que acuda a ellos ante cualquier eventualidad serán mayores", afirma Franco.
Y eso se consigue cuando se afianza la comunicación y la retroalimentación entre padres e hijos, tal como lo propone la iniciativa del Centro de Información Nacional de la Salud Mental, la cual, dice Posada Villa, ha tenido en ese país un impacto favorable en términos de prevención de drogadicción como en la salud en general. "La evidencia demuestra que las relaciones de confianza con los papás hace que los niños tengan mejor salud física y mental".
Ahora, si aquel tiempo de interacción se convierte en un ambiente de cuestionamiento y de falta de interés mutuo, es muy probable que el menor busque refugio en actores externos a su familia. "Es en ese instante cuando el riesgo se multiplica porque posiblemente tratarán de llenar tal vacío con personas o sustancias no convenientes", explica Posada Villa.
Aunque el especialista reconoce que establecer ese hábito de diálogo permanente, diario, consensuado y de confianza no es una tarea fácil, sabe de casos donde se ha logrado que los jóvenes mejoren sus relaciones personales, su rendimiento académico, su confianza en sí e inclusive su facilidad para expresar sentimientos y emociones. "El principal indicador de una buena salud mental es la autoconfianza", dice Posada.
Con límites
Ahora, tanto Franco como Posada son enfáticos al afirmar que tal acercamiento y la consecuente interacción que se quiere propiciar debe mantener, de igual forma, unos límites.
"Es fundamental que papá y mamá tengan claro que no se trata de convertirse en amigos o 'llaverías' de los jóvenes -explica el psiquiatra Franco-. No es lo procedente, porque si bien es cierto que el objetivo es fortalecer el vínculo de confianza, de afecto y de apego, también es claro que se tiene que conservar la autoridad de los padres frente a los hijos".
En ese mismo sentido, los progenitores no deben ni pueden pretender que ese acercamiento vulnere los espacios individuales y colectivos de los hijos. "Hay que respetar la intimidad de los jóvenes, entender su afinidad generacional, sus gustos, los intereses y la respectiva etapa de desarrollo".
Por eso, Posada asegura que más que un papá 'amigo', lo que pretenden iniciativas como la 15+ son padres que orienten, escuchen, apoyen y, sobre todo, estén con sus niños. "Lo importante no es la cantidad sino de calidad del tiempo que comparten con los menores", concluye el experto.
LOS JÓVENES BUSCAN EL DIÁLOGO
El psiquiatra Álvaro Franco ha detectado en su práctica profesional que son los jóvenes y los menores los que tratan de propiciar los espacios de concertación y de afecto con sus padres. Los adolescentes y preadolescentes con los que ha trabajado le cuentan su interés en encontrar puntos comunes con sus progenitores, según sus intereses y experiencias. "Lo hacen para empezar a abordar, posteriormente, temas más personales, relacionados con su cotidianidad, intimidad e inquietudes" . Según el especialista, es una la reacción lógica a la necesidad de llenar un vacío de respaldo y afecto que sienten desde la niñez. "Es una forma de búsqueda de medios para acercarse a los papás, de catarsis de sus problemas e inseguridades", complementa Posada.