El impacto de un despido se puede atenuar

Foto: Dreamstime / Concepto: Juan Torneros

Durante 2008 el mercado laboral colombiano sufrió un fuerte revés al registrar el mayor número de nuevos desempleados del último lustro. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), 308.000 colombianos vivieron en carne propia la pérdida de sus trabajos.

Independientemente de sus implicaciones en términos económicos, desde el punto de vista emocional la mayoría de esos despidos representa un duelo; una situación equiparable, aunque a menor escala, a la muerte de un ser querido; un escenario que puede conducir a estados depresivos y de pérdida de la autoestima.

Y ello ocurre, según explica Juan Alberto Castillo -director del Grupo de Investigación en Salud, Cognición y Trabajo de la Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano de la Universidad del Rosario-, porque en esencia un despido representa "una ruptura de un proyecto profesional, familiar, social y de vida".

De acuerdo con el especialista, en un medio como el colombiano un contrato de trabajo no es solo la formalización de aspectos legales y económicos en un documento, sino un símbolo de satisfacción de las necesidades básicas propias y del grupo familiar, de autosuficiencia, de reconocimiento y de estatus social.

"Cuando alguien pierde su trabajo, también pierde todas las certezas y las comodidades psicológicas que este implica -explica Castillo-. El despedido experimenta impotencia, vulnerabilidad, incapacidad para manejar la incertidumbre, depresiones profundas y deseos de aislamiento social".

Todos son diferentes

Sin embargo, las personas enfrentan este proceso de forma diferente según la edad, la posición social y la personalidad. Por ejemplo, los jóvenes tienden a aceptar más fácilmente un despido, en comparación con una persona entre 40 y 50 años.

Quienes han trabajado durante años, sienten desubicación e incertidumbre al ver que su proyecto de vida ha cambiado inesperadamente. Al contrario, los que hasta ahora empiezan su recorrido en el mundo laboral suelen mostrar una actitud más positiva hacia esta situación, ya que para ellos representa una oportunidad de cambio, de renovación y de nuevo aprendizaje.

"Hay desde aquellos que ven un despido como una excelente oportunidad de mejorar y asumir nuevos retos, como otros que lo ven como una enseñanza para ser más prevenidos y no volver a confiar", agrega Luis Gerardo Martínez, director de la especialización en Gerencia de Recursos Humanos de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz.

Manos a la obra

Pero ¿qué debe hacerse para superar este episodio traumático? Los expertos coinciden en que lo primero es dialogar. Es muy importante expresar lo que se siente y se piensa para desahogarse, ya sea con alguien de confianza o con un profesional. Para Martínez, el segundo paso es "recordar que el trabajo es solo uno de los aspectos que dan estabilidad y felicidad a las personas, pero no el único ni el más importante".

El experto añade que el desempleado debe cuestionarse a sí mismo, preguntarse cómo están sus competencias frente al mercado laboral, de qué manera enfrenta nuevos retos, qué es lo que verdaderamente quiere hacer y qué aprendió de esta situación.

Por otro lado, el psiquiatra José Posada Villa recalca la importancia de entrar en actividad lo más pronto posible, empezando a buscar un nuevo empleo o iniciando alguna capacitación o un curso que permita la actualización de los conocimientos y la adquisición de nuevas habilidades. El psiquiatra agrega que también es buena idea renovar la hoja de vida, aunque sin duda lo más importante es mantener una actitud positiva.

La empresa pone

No obstante, a juicio de los expertos, superar este episodio a menudo también requiere de la intervención de las empresas, que deben asegurarse de que el proceso se maneje de la manera más humana posible, proporcionándole al desempleado las mejores condiciones para continuar satisfactoriamente con su vida.

Según Juan Alberto Castillo, aún falta mucha conciencia y soluciones efectivas en ese campo. "Creo que en nuestro país este es un problema complicado y de graves dimensiones -dice el experto-. Las empresas no poseen mecanismos apropiados para advertir a sus empleados sobre las reales posibilidades de conservar su empleo".

En tal sentido, Martínez agrega que un factor en el cual las compañías podrían intervenir activamente es en ayudarles a sus trabajadores a tener una formación permanente para que sean competitivos y deseados por otras firmas, de forma que sus oportunidades futuras no sean truncadas por una mala y desactualizada preparación profesional. "De este modo, aumenta la cantidad de oportunidades laborales fuera de la empresa que acaba de despedir al trabajador", afirma.

Igualmente, recomienda la implementación de procesos de desvinculación para morigerar el golpe. Es lo que en el ámbito de los recursos humanos se conoce como outplacement, que son técnicas para reubicar trabajadores cuando por fusiones, adquisiciones y reestructuraciones hay que prescindir de ellos.

De acuerdo con Juan Carlos Linares, presidente de Drake Beam Morin (DBM) -firma especializada en transiciones empresariales-, el outplacement permite a la persona involucrada tener mejores elementos de juicio para tomar decisiones sobre su futuro inmediato. "Quien sale de una organización tiene en general tres grandes opciones: buscar empleo, la vía del emprendedor o jubilarse", dice Linares.

Así pues, el outplacement implica reeducar al trabajador para ponerlo a tono con la realidad del mercado y mostrarle un camino ajustado a su perfil. Con esta estrategia las empresas atenúan posibles resquemores, pues busca que el empleado saliente tarde lo menos posible en reengancharse laboralmente y sienta que sus emociones y su futuro fueron tenidos en cuenta. De hecho, algunas firmas de outplacement hacen seguimiento del ex empleado hasta un año después de que obtuvo un nuevo puesto.

La actual crisis económica y su ola de despidos de seguro pondrán este término en boca de muchos. Al fin y al cabo, nadie duda que perder un puesto es una pérdida. Pero es un hecho que si el despedido y su antigua empresa ponen de su parte, el golpe no solo puede ser más suave sino convertirse en una oportunidad.

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