En doble sentido

La tuberculosis y la desnutrición tienen como principal víctima a la población infantil indígena. Foto: Alfonso Cervantes / Cambio

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Hacia principios de la década del ochenta, cuando un arhuaco bajaba a una consulta médica a Valledupar desde Nabusímake, un pequeño resguardo ubicado en la Sierra Nevada, lo usual era que su padecimiento no fuera solucionado. El motivo radicaba en la imposibilidad del médico para comprender al paciente. El indígena, acostumbrado a ser curado a través del mamo, líder espiritual de su comunidad, ingresaba al centro de salud acompañado por sus familiares, pues se rehusaba a ser atendido en la soledad de un consultorio. No daba su nombre en español, sino en la tradicional lengua ika y se negaba a precisar su edad o el tiempo que llevaba sintiendo dolor. Renuente a ser tocado por un desconocido, en un confuso español se quejaba del corazón cuando, en realidad, tenía gastritis por el consumo de café.

La infructuosa visita culminaba con la salida del indígena, que no comprendía qué era tomar una dosis de remedio cada seis horas, pues su noción del tiempo era distinta a la occidental, ni cómo tomarlo en una cucharadita después de cada comida porque, para ingerir los alimentos, utilizaba un trozo plano de totumo.

Consciente de la necesidad de tener acceso a un sistema de salud, la Organización del Pueblo Arhuaco, que comparte territorio con las etnias kankuama, kogui y wiwa, aunó esfuerzos para llevar a sus comunidades la medicina occidental sin que esto entorpeciera su identidad cultural. Por ello en 1985 fue creado el Comité de Salud de la Comunidad Arhuaca, integrado por autoridades y enfermeros indígenas y un médico rural. En 1997 el Gobierno Nacional aprobó la creación de Wintukwa, una EPS que integra el conocimiento ancestral indígena con el modelo occidental de salud.

Para 2008 el pueblo arhuaco cuenta con cinco centros de salud en áreas rurales, dos urbanos y 20 puestos repartidos por todo el territorio. Cada uno con personal bilingüe, capacitado en medicina indígena y occidental. Aun así, las enfermedades continúan acosando a esta comunidad.

El médico occidental José Antonio Orozco, que hizo su práctica rural en el resguardo arhuaco y escribió la monografía Nabusímake, tierra de arhuacos, indica que las enfermedades más comunes en la zona son gastrointestinales, respiratorias (como la tuberculosis), de la piel e infectocontagiosas, siendo las dos primeras las que cobran mayor número de víctimas, en especial en la población infantil.

Consideradas como enfermedades traídas por el hombre blanco, los arhuacos saben que su curación está en manos no indígenas y, por ello, aceptan la participación de médicos occidentales en su sistema de salud.

Guardianes de la tierra

Y tienen bastante para enseñar. Con una historia que se ha fechado entre los años 500-1500 d.C., los arhuacos, descendientes de la cultura tayrona, conciben la salud como el equilibrio entre la naturaleza y los humanos. Equilibrio que, según Orozco, no solo abarca el aspecto ecológico sino la dimensión social, política y cultural, y que está dado desde el principio de la comunidad según la ley de origen. El incumplimiento de esta ley es causa de un desorden en el universo que trae consigo la enfermedad. Por ello, el malestar físico de los indígenas es considerado una falla en su espíritu.

Según el mamo Jeremías Torres, secretario general de la Organización del Pueblo Arhuaco, la vida espiritual empieza en el vientre materno y debe pasar por cuatro etapas -concepción, nacimiento, bautizo y matrimonio-, cada una con ritos específicos cuyo incumplimiento genera la enfermedad. Pero seguir el ritual al pie de la letra no garantiza la salud; el indígena debe, además, comprometerse con el cuidado de la tierra, cuyo corazón está en la Sierra Nevada.

"Los pueblos indígenas vinimos a cuidar el mundo y salvar la vida -dice el mamo Torres-. El agua, las plantas, la tierra y los animales no nos necesitan. Nosotros necesitamos de ellos. Para que haya salud y estar bien y tranquilos, debemos cuidar la naturaleza".

Según Hernando Enrique Pacheco, indígena arhuaco y médico de la Universidad de Antioquia, la salud viene de la tranquilidad del alma. "Con solo pensar en el mal este se devuelve -dice Pacheco-.

Salud integrada

Aun con fallas, el sistema de salud integral de los arhuacos se ha convertido en un modelo en el ámbito médico internacional. Por ello este año Colombia fue la sede para el congreso anual de la red The Network: Towards Unity for Health (La red: hacia la unidad para la salud).

A comienzos de octubre, cerca de 400 médicos nacionales y extranjeros, en su mayoría estudiantes, se dieron cita en Bogotá para asistir a un congreso que busca el intercambio de experiencias en torno a los proyectos comunitarios de salud. Los últimos días del encuentro, una delegación viajó a Nabusímake para entrevistarse con los indígenas.

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