El poco contacto con la naturaleza puede causar depresión, ansiedad e incompetencias sociales en los niños.
La mayoría de los turistas que visitan la Caverna de los Guácharos, localizada en el cañón del río Claro, en Antioquia, suelen decir que sin duda regresarían. Pero lejos de maravillarse con el paisaje o con las aves nocturnas que anidan en las rocas del interior de la cueva, Ernesto, un bogotano de 11 años, le imploró al guía: "Póngame a hacer algo, estoy aburrido. En Animal Planet o en Discovery Channel veo cosas más chéveres". Esa misma noche, dos adolescentes estaban aterrados porque una araña de no más de un centímetro había entrado a su carpa y supuestamente los iba a atacar.
No son pocos los adultos que miran con asombro que los niños de hoy están alejados de la naturaleza. Incluso en una excursión anterior, el mismo instructor preguntó a los niños de dónde venía la leche. Y ellos contestaron: "Del supermercado".
Casos como estos ilustran lo que el periodista Richard Louv, asesor del Comité de Desarrollo Infantil en el Congreso Científico Nacional de Estados Unidos, ha llamado el 'síndrome de déficit de naturaleza'. El trastorno aún no aparece en los manuales de psiquiatría, pero sus síntomas han sido ampliamente descritos por Louv en el libro Last Child in the Woods: Saving Our Children From Nature-Deficit Disorder (El último niño en los bosques: protegiendo a nuestros hijos del trastorno de déficit de naturaleza), publicado por primera vez en 2005 y reeditado este año.
El autor asegura que la generación nacida en los años sesenta fue la última que vivió apegada a la naturaleza. En adelante hubo un distanciamiento de tales proporciones, que en la última década se redujo a la mitad la cantidad de niños que participan en actividades al aire libre. No sería más que una anécdota si no fuera porque, según Louv, crecer en espacios que limitan la relación con el medio ambiente entorpece el desarrollo cognitivo.
Peor aún, el periodista afirma que la falta de unión entre los jóvenes y su entorno es causa de depresión infantil, ansiedad, hiperactividad, falta de atención, obesidad y ausencia de curiosidad. En consecuencia, plantea que un retorno a lo natural es la solución a estos problemas, pues la exploración alimenta la creatividad y genera destrezas de convivencia.
Educación verde
Conscientes de la importancia de acercar a niños y jóvenes a la naturaleza, un grupo de biólogos colombianos fundó en 1998 la Organización para la Educación y Protección Ambiental, Opepa, que, en convenio con colegios de Bogotá y el apoyo del Ministerio de Educación, busca complementar los modelos académicos tradicionales mediante el retorno a la tierra de grupos de niños de 4 a 19 años.
Para el biólogo Sergio Llano, gerente de operaciones de Opepa, el alejamiento de los niños de la naturaleza en los últimos 10 años obedece a un cambio social y cultural que se inició con el crecimiento del área urbana. Antes los niños preferían estar afuera de sus casas, pues allí no tenían qué hacer, pero ahora hay toda una gama de posibilidades para permanecer adentro: computadores, reproductores digitales de música y consolas portátiles de juego.
A esto se suma que la televisión se ha convertido para los niños en una ventana al mundo mucho más fiable y cómoda que el contacto directo. Según el instructor de Opepa Camilo Aguirre, los menores pueden llegar a conocer 80 marcas de aparatos electrónicos, pero no alcanzan a nombrar cinco especies de árboles.
Para rematar, los padres acentúan el problema cuando transmiten a los hijos sus propios temores frente a la naturaleza, a la que perciben como peligrosa y desconocida. Según Aguirre, en ocasiones ellos contestan por sus hijos con frases como: "Mi hija nunca se metería entre el barro. No le gusta y, además, podría enfermarse".
Las consecuencias para la salud física y mental no se hacen esperar. "Los niños se vuelven alérgicos a todo -dice Aguirre-. No tienen defensas porque nunca se topan con bacterias ni con patógenos, y por eso cuando salen se enferman". La afirmación va en la misma línea de la llamada 'hipótesis higienista', postulada en 1989 por el epidemiólogo británico David Strachan, según la cual los niños que viven en ambientes donde impera la asepsia presentan mayor riesgo de padecer alergias.
Desde el punto de vista de la salud mental, el psiquiatra Rodrigo Córdoba señala que las consecuencias del trastorno de déficit de naturaleza planteado por Richard Louv tiene validez pero aún como hipótesis. "No lo veo como una patología, sino como una patología premórbida", dice el experto. Sin embargo, sostiene que no carece de lógica afirmar que los niños retraídos, en sus casas, son más susceptibles de padecer depresión y, en consecuencia, "los que presenten este déficit deberían ser objeto de una valoración".
Ahora bien, Sergio Llano advierte que la función de Opepa no es curar las enfermedades infantiles, sino ofrecer una posibilidad para que los niños entiendan que ellos también hacen parte de la naturaleza. Según el biólogo, los jóvenes que han tenido algún contacto con el medio ambiente suelen ser menos crueles con los animales y las plantas, pues, en sus palabras, es difícil hacer daño a lo que se conoce.
El objetivo de la educación al aire libre también es que los niños y jóvenes colombianos, sin importar su condición social o cultural, abran los sentidos a los colores, olores y sabores del entorno natural. El proyecto, bajo el lema "dime y olvidaré, muéstrame y posiblemente recordaré, e involúcrame y entenderé", ha dado numerosas experiencias positivas. Según Aguirre, tras mirar una mariposa salir del capullo, los niños, antes pendientes del inhalador, se olvidan de que alguna vez tuvieron asma.
Los niños opinan
Andrés Felipe Pinzón: "Los animales silvestres no hay que tenerlos encerrados sino sueltos para que no se pongan tristes y no se les quiten los ánimos de volar".
Daniela Campo: "No sabía que las tortugas marinas son muy grandes y bonitas, pero qué lástima que pasen de ser tortugas libres a ser adornos para las casas y almuerzos exquisitos para los restaurantes".
Dina Luz Paguana: "Yo en Río Claro la pasé muy bien. Me gustó mucho cuando fui a la Cueva de los Guácharos y cuando fui a nadar y a caminar y vimos todo lo que pasaba por el aire y por el suelo: un tucán, una culebra y hormigas".
Sin peligro
Opepa ofrece cinco líneas de aprendizaje ambiental para jóvenes y niños entre los que se destacan los programas de educación al aire libre y los ecoclubes. La organización trabaja en unión con el Ministerio de Educación, y su objetivo es enseñar a los niños que acampar no tiene que ser incómodo ni peligroso, sino una forma divertida de aprender. Durante las excursiones -en las que se prohíbe llevar celulares o iPods-, hay un instructor por cada 10 niños. Los asistentes deben presentar un informe médico y están protegidos con todas las normas de seguridad para salidas al aire libre. Más información www.opepa.org