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El desayuno, como su nombre lo dice, es el final del ayuno de la noche y el combustible para comenzar el día. Por eso debe ser variado y razonablemente generoso. En general, los nutricionistas aconsejan que contenga una proteína -huevo, jamón o queso-, algo de azúcar -ideal si es la de una fruta- y grasa -en lo posible de un derivado lácteo-. Los cereales con leche y fruta suelen satisfacer muy bien el propósito.
La clave, en todo caso, es que este primer "golpe" contenga la promesa de comer una fruta a media mañana, no saltarse ninguna de las comidas y aprender la lección: no por mucho ayunar se adelgaza más temprano.
LA TRAMPA DEL EMPAQUE
"El cereal que toman los padres es probablemente mejor que aquel con el que alimentan a sus hijos". Así lo plantea un estudio publicado en el Journal of the American Dietetic Association que, tras analizar 161 marcas comercializadas en Estados Unidos, encontró que los cereales promocionados para los niños tienen más azúcar, sodio, carbohidratos y calorías por gramo que los de adultos. El trabajo instó a tener cautela con la información sobre los mensajes de salud que se incluyen en los envases de estos alimentos.
20-25% APORTE DE CALORÍAS diarias que debe dar el desayuno, idealmente si proviene de tres grupos diferentes de alimentos.