EL ACTOR Y PAYASO Wellington Nogueira se acercó al grupo de niños que lo esperaban en la entrada del auditorio. Para quedar a la altura, se arrodilló frente a cada uno y les preguntó sus nombres y por su estado de salud, pues ellos estaban ahí justamente porque padecían alguna enfermedad o estaban en proceso de recuperación en la Fundación Cardio Infantil, de Bogotá. Al terminar la ronda de saludos, comenzó a hacer pompas de jabón de distintos tamaños, y un par de niños, que un segundo atrás lucían tan debilitados, saltaron de sus puestos para jugar con ellas.
Wellington Nogueira es el director de Doctores de Alegría, institución brasileña que siguiendo el ejemplo de Patch Adams -el 'Doctor de la risa' e inventor de la 'risoterapia'- busca hacer más plácida la convalecencia mediante el suministro de algunas dosis de carcajadas. El impacto publicitario es indiscutible. ¿Pero ocurre lo mismo en la salud? La respuesta es sí.
Tan confirmada, que incluso la Fundación Cardio Infantil ha decidido formar actores, psicólogos, comunicadores sociales y profesionales de la salud en este campo con miras a tener 'Doctores de Alegría' colombianos de planta, trabajando de tú a tú con las enfermeras y los médicos de la institución.
Aunque la iniciativa de Nogueira arrancó en São Paulo en 1993, fue necesario esperar hasta 1997 para que aparecieran los primeros estudios sobre su impacto. Los realizó la psicóloga Morgana Masetti, quien pidió a los niños hacer dibujos antes y después de la breve función de los payasos en la cama hospitalaria. El hecho de que utilizaran más color, que dibujaran historias con desenlace y sus dibujos fueran más claros y definidos, le permitió concluir que gracias a esta intervención los niños afrontaban mejor los traumas generados por la hospitalización, mejoraban la relación con los médicos y reaccionaban muy bien al tratamiento. Por su parte, los médicos decían que sentían el ambiente más humano y el hospital mejoraba su imagen ante la comunidad.
"Con la 'tonteriología' no buscamos curar, sino dar fuerza para afrontar la enfermedad y fomentar la integración con los médicos -advierte Nogueira-.
La presencia de los payasos repercute en la autoestima y cambia el ambiente: el paciente se serena y se rompen las diferencias".
El poder de las carcajadas
Independientemente de si es gracias a un payaso, un 'cuentachistes' o una película de humor, diversos estudios han confirmado que la risa aumenta la capacidad pulmonar, oxigena los tejidos, reduce la presión, mejora la autoestima y disminuye el estrés. Esto se debe a que la risa produce la liberación de endorfinas -las llamadas hormonas de la felicidad- que en realidad son opiáceos como la heroína o la morfina, pero con una muy significativa diferencia: son naturales. En consecuencia, la persona que ríe siente menos dolor y más bienestar. Por su parte, el menor estrés viene por cuenta de la reducción de otra hormona: el cortisol, que suele ser segregada en situaciones de tensión física y emocional -justamente ha sido bautizada como 'la hormona del estrés-, por lo que su presencia constante favorece la aparición de enfermedades, en especial, del sistema circulatorio.
No es gratuito, entonces, que investigadores de la Universidad de Maryland hayan encontrado que ver películas cómicas mejorara en más del 20 por ciento el flujo de sangre por las arterias. Ante la evidencia, Michael Millar, jefe de cardiología preventiva, concluyó: "Treinta minutos de ejercicio, tres veces a la semana, y 15 minutos diarios de risa genuina son la mejor terapia para el sistema cardiovascular".
Pero la cuestión va más allá de la risa por sí misma, más allá del ámbito hospitalario y más allá de los niños. Se trata del poder terapéutico de la felicidad en cualquier circunstancia de la vida. No es fácil medirla, pues se trata de una condición algo subjetiva, pero los científicos ya se han ingeniado formas de hacerlo. Un estudio del University College de Londres comparó, por ejemplo, los niveles de cortisol y el nivel de satisfacción de un grupo de voluntarios y encontró que el ánimo positivo estaba relacionado con un mejor sistema inmune y con un menor número de problemas neuroendocrinos, inflamatorios y cardiovasculares. Otra prueba del impacto de la felicidad en la salud es el hecho de que las personas con depresión son más susceptibles de morir por infarto.
Pero, ¿y qué más da si la risa y la alegría funcionan o no para la salud? Aunque parezca sentencia de 'Pambelé', para nadie es un misterio que es mejor estar alegre que triste. Y ya.
¿PARA QUÉ REÍMOS?
La risa es un acto amistoso y una estrategia de interacción. Así lo ha planteado Jaak Panksepp, neurólogo de la Universidad del Estado de Washington, quien descubrió que mamíferos como las ratas emiten un chirrido ultrasonoro cuando alguien les hace cosquillas. Panksepp cree que el cerebro cuenta con conexiones para generar risa, lo que hace que los animales aprendan a jugar entre ellos. Así, la euforia resulta fundamental para reasegurar la diferencia entre la actividad lúdica y la bélica.