Científicos colombianos le apuestan a la terapia génica para crear nuevos vasos sanguíneos

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MARK KEATING y sus colegas del Instituto Médico Howard Hughes, de Estados Unidos, cortaron pequeñas muestras equivalentes al 20 por ciento del corazón de un grupo de peces cebra y al cabo de dos meses descubrieron que cuatro de cada cinco tenían el órgano regenerado por completo. Como en la mayoría de los vertebrados un experimento de este tipo habría mostrado que el corazón cicatriza pero no se regenera, los investigadores se dedicaron a averiguar qué hacía diferente a esa especie de peces.

En un artículo publicado en Science (2002) describieron cómo, si se provoca la mutación en un gen específico, no se produce la regeneración del corazón, sino su cicatrización. Estudios como éste han llevado a los científicos a buscar cuál es el gen equivalente en los humanos y no descartan la posibilidad de que en el futuro puedan ver crecer una extremidad de un muñón, así como las salamandras recuperan la cola cuando la pierden. 

Científicos de las más prestigiosas universidades del mundo han logrado los primeros logros y los colombianos no están dispuestos a quedarse atrás. La Fundación Vascular, dedicada desde hace dos décadas a la atención e investigación de enfermedades del sistema circulatorio, ha anunciado que, en asocio con la Universidad de Harvard, comenzará a trabajar en una terapia que combinará dos de los campos más prometedores de la medicina: células madre y terapia génica. El proyecto le apuesta a la posibilidad de que el organismo humano pueda algún día desarrollar procesos similares a los de los peces cebra.

Los científicos que trabajan en este campo sostienen que dominar las dos terapias será como tener la arcilla universal para reparar tejidos y órganos. En la actualidad, las células madre se usan con éxito en trasplantes de médula ósea en pacientes con leucemia -las células madre de la médula del donante se convierten en sangre sana en el receptor-, y han fracasado en la recuperación de pacientes tetrapléjicos, porque las células obtenidas de la médula ósea o del bulbo olfatorio rara vez reparan la médula espinal.

Reprogramar el genoma

En cuanto a la regeneración del corazón o la formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de células madre, la evidencia sobre sus bondades es aún precaria. Por eso, el propósito de los científicos colombianos es complementar la tarea con la terapia génica, un tratamiento que consiste en programar el ADN de ciertas células para que cumplan funciones que han perdido como consecuencia de una enfermedad o por desgaste.

La terapia génica comenzó a probarse en humanos en 1990. Su primera beneficiaria fue Ashanti de Silva, una niña de cuatro años que sufría del síndrome de inmunodeficiencia severa combinada -enfermedad producida porque el organismo no produce una enzima fundamental para la generación de defensas-, que obliga a los pacientes a vivir dentro de una burbuja para evitar infecciones.

French Anderson y Michael Blaese, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, extrajeron células de la niña y luego, utilizando un virus como medio de transporte, le introdujeron el gen que le faltaba para que su organismo produjera la enzima. Tras inocular de nuevo las células, se produjo una reparación significativa, aunque no total, del sistema inmunológico de la pequeña.

El proyecto de los colombianos es insertar en células madre de médula ósea en el gen que activa el crecimiento de vasos sanguíneos, mecanismo conocido como angiogénesis. No arrancarán desde cero, pues la experimentación en este campo comenzó en 1995. Lo novedoso será la combinación de dos técnicas que, al menos por separado, han mostrado hasta ahora una eficacia relativa en centros de investigación de Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Alemania y España. Será el comienzo de un proyecto de mayor envergadura en el que participarán científicos de otras disciplinas e instituciones privadas, como Jorge Reynolds, diseñador del primer marcapasos artificial interno; Cecolfes, centro pionero en Latinoamérica en fertilización in vitro; Red Cord, uno de los primeros bancos colombianos de células madre de cordón umbilical, y el Grupo de Inmunología de la Universidad Javeriana.

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