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DESPUÉS DE RESCATARLO de un infarto en febrero de 2004, los médicos del Hospital San Vicente de Paúl, de Medellín, ofrecieron a Víctor Mauricio Berrío dos opciones: entrar en la lista de trasplantes de corazón y llevar una vida de absoluta quietud o aceptar, a manera experimental, un implante de células madre o progenitoras.
La deplorable calidad de vida que le planteaba el trasplante inclinó a Berrío por la técnica experimental, de modo que el 3 de marzo de 2004 un equipo interdisciplinario de médicos especialistas en cirugía cardiovascular, hemodinamia, hematología, inmunología y fisiatría del prestigioso hospital paisa se puso manos a la obra y trasplantó células de la médula ósea a los tejidos lesionados con el propósito de regenerarlos.
Después de Berrío siguieron 30 pacientes más, con resultados tan alentadores para 19 de ellos al cabo del primer año, que la técnica mereció un artículo en la revista Circulation, de la Asociación Estadounidense del Corazón, y en 2006 recibió el premio a la mejor investigación que otorga la Sociedad Colombiana de Cardiología.
Camino pedregoso
El potencial terapéutico de las células madre reside en su capacidad de generar otras, incluso de especie distinta, y renovar órganos desgastados. Aunque están en todo el cuerpo, las fuentes donde suelen obtenerse son la sangre del cordón umbilical, el bulbo olfatorio o la médula ósea, pues en estas partes se encuentran en mayor concentración y son más plásticas.
El uso de estas células con fines terapéuticos ha estado lleno de cuestionamientos. A comienzos de siglo, los científicos creyeron que ellas serían la varita mágica a partir de la cual podrían obtener cualquier tejido y por eso en el mundo se llevaron a cabo todo tipo de intervenciones para confirmarlo. Colombia no fue ajena al boom, como lo demostraron los trasplantes realizados al técnico Luis Fernando Montoya o al senador Jairo Clopatofsky en 2005 para recuperarlos de sus limitaciones físicas.
Pero el tiempo demostró que el recurso era inocuo, además de que estudios posteriores, relacionados específicamente con el uso de células madre de médula ósea para la regeneración del corazón, sembraron serios interrogantes. En 2006, por ejemplo, tres trabajos publicados en The New England Journal of Medicine plantearon la posibilidad de que los beneficios observados en algunos casos hubieran surgido de los componentes que se emplearon durante los implantes, pero no de las células.
No obstante, los expertos antioqueños insisten en el potencial terapéutico de estas células en la regeneración de los tejidos cardiacos, como lo dejaron en claro en el pasado Congreso Colombiano de Cardiología, celebrado en Cartagena a mediados de febrero.
Los logros
Según Guillermo Blanco, encargado de los procesos de cateterismo del implante, existen dos posibles efectos de las células madre en el organismo. "Las células que se inyectan en el corazón pueden formar nuevos vasos sanguíneos o regenerar las células cardiacas -dice el experto-. De cualquier manera, su influencia en enfermedades coronarias lanza cifras prometedoras".
Los científicos del San Vicente de Paúl señalan que antes del trasplante, el corazón de los pacientes bombeaba sangre, en promedio, con una fuerza equivalente al 30% de su capacidad normal (la media en personas sanas es 60%), pero ahora es del 38%. Durante las pruebas de esfuerzo sólo toleraban cuatro METS -unidad de medida de la energía que se requiere para desarrollar una actividad-, pero ahora soportan hasta 13. Además, por medio de gamagrafías se han empezado a captar tejidos que anteriormente estaban muertos y por lo tanto eran imperceptibles. "Todas las personas han tenido una mejoría en su calidad de vida y en su sobrevida -asegura Juan Manuel Senior, coordinador del proyecto-. El 70% de los pacientes se vinculó de nuevo al trabajo un mes después de la intervención, tras varios años de vivir fatigados sobre un asiento. Para el 30% no ha sido posible por tener empleos que requieren un mayor esfuerzo, como el de los agricultores, pero viven bien".