COMO A LOS ABUELOS, a los jóvenes también habrá que hablarles fuerte. Una generación de sordos prematuros se está gestando por cuenta de los nuevos reproductores de audio con audífonos, del volumen "al alza" de las discotecas y del ruido de las baterías y las guitarras eléctricas. Y eso sin considerar los daños auditivos causados por las obras y el tráfico de las ciudades.
Los niveles de ruido que los otólogos consideraban aceptables -entre los 35 y los 45 decibeles, como el canto de los pájaros- ya no parecen tener momento ni lugar. Hoy día una calle congestionada puede alcanzar 85 decibeles -la frontera de lo que se considera peligroso- y un iPod, 104 decibeles. Niveles más que suficientes para comenzar a provocar una leve pero permanente pérdida de la audición, que los expertos llaman hipoacusia y se inicia con la reducción de la capacidad para percibir tonos agudos como el timbre del celular, los pitidos de los computadores o incluso el sonido de algunas consonantes como la 's' y la 'f' y el consecuente deterioro de la comunicación interpersonal.
Los expertos ya lo vaticinan: los jóvenes se están arriesgando a quedarse sordos 30 años antes que la generación de sus padres debido a los nuevos reproductores de música, la nueva tecnología de audio de las salas de cine, los bares y las discotecas.
La nostalgia del melómano
Un estudio llevado a cabo en Argentina y publicado en The American Journal of Audiology acaba de concluir que un tercio de los estudiantes sufren una exposición excesiva al ruido en sus horas de esparcimiento. Entre las principales causas del riesgo, los investigadores de la Universidad Tecnológica Nacional y la Universidad Nacional de Córdoba identificaron los lugares bailables, los equipos personales de música y los instrumentos musicales de gran potencia. Lo que parece más grave es que la cantidad de afectados tiende a crecer en la medida que los jóvenes califican de "excitantes" los ambientes ruidosos.
Resultados del mismo corte arrojó un estudio del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Puerta de Hierro, en Madrid, España, presentado a finales del año pasado. Tras hacer un seguimiento a 60 músicos con una edad media de 26 años, constataron que éstos presentaban un mayor daño auditivo que el promedio de los jóvenes. Los investigadores resaltaron las mayores dificultades de los músicos para captar los tonos agudos y señalaron que los más afectados en general eran los que tocaban guitarra eléctrica y batería. Y aunque aún los jóvenes no estaban en un grado que pudiera considerarse hipoacusia, cuatro de ellos de forma permanente y 10 de forma temporal percibían acúfenos o zumbidos que no proceden de una fuente externa.
Un síntoma frecuente del deterioro auditivo por ruido son, justamente, aquellos pitos internos. En un principio aparecen de manera intermitente y tienden a desaparecer con el reposo auditivo, pero después se hacen permanentes. Más que la disminución de la capacidad auditiva, estos pitos son los que generalmente incomodan al paciente y lo motivan a consultar al médico, sostiene el otólogo José Antonio Rivas.
Los expertos advierten que la causa del daño suele ser la exposición constante. Es probable que escuchar música a alto volumen un rato en la semana no conduzca a la sordera. Otra cosa es ponerse los audífonos -no importa si planos o de insertar en el oído- durante más de 90 minutos diarios, día tras día, a un volumen que impida escuchar a los que hablan ardedor. "No conviene utilizar auriculares durante más de una hora al día ni permanecer más de ese mismo tiempo en una discoteca donde la música esté alta -dice Adriana Rivas, médica audióloga de la Clínica Rivas-. Si uno no quiere marcharse tan pronto a casa, lo mejor es alejarse un rato de los parlantes o salir a la calle para aliviar el oído de la presión sonora".
Cartas en el asunto
Las autoridades de algunos países ya han tomado cartas en el asunto para que la pérdida auditiva no se convierta en una más de las epidemias del mundo moderno. Por ejemplo, la Unión Europea estableció que los reproductores de audio no superen los 100 decibeles y Alemania fue incluso más lejos y fijó un máximo de 90 decibeles.
No son buenas noticias para los melómanos, pero por lo pronto no parece haber otra forma de prevenir que girar el botón hacia la izquierda. O, como dice el médico audiólogo Rafael Tordesilla: "Si existe alguien extremadamente fanático que no puede escuchar la música a un menor volumen, debe reducir el tiempo de exposición a la mitad".