NUNCA en la historia la 'jartera' de volver al trabajo después de vacaciones había sido catalogada como enfermedad, pero en la década de los 80 aparecieron los antidepresivos modernos y desde entonces no ha faltado quien los recete para los síntomas de la llamada "depresión postvacacional". Tampoco los síntomas de la menstruación merecían un tratamiento como si fuera una patología, pero apareció Prozac y, ahí sí, el "síndrome premenstrual" se convirtió en un asunto serio. Y algo parecido pasa con los calores de la monopausia y hasta con la timidez: no son pocos los que las consideran enfermedades inventadas por las farmacéuticas.
Al paso que va el debate, la fibromialgia podría entrar en la lista. Aunque no se tienen claras sus causas ni existe una prueba biológica para diagnosticarla, a mediados de 2007 la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos aprobó un medicamento para tratarla -pregabalina, que en el mercado se vende con el nombre de Lyrica- y probablemente antes de que acabe el año hará lo mismo con otros dos fármacos que ya están en fases avanzadas de investigación: milnaciprán y duloxetina.
La fibromialgia se caracteriza por un dolor constante en todo el cuerpo -especialmente articulaciones, músculos, tendones y otros tejidos blandos- y a menudo está asociada a fatiga crónica, rigidez en las mañanas, problemas de sueño, dolores de cabeza, entumecimiento de manos y pies, depresión y ansiedad. Entre las hipótesis sobre qué la desencadena, algunos estudios han mencionado trastornos del sueño, infecciones, traumatismos físicos, afecciones emocionales, predisposición genética y anormalidades bioquímicas en el sistema nervioso.
Sin embargo, el súbito incremento de los pacientes afectados -y por tanto recetados- ha dado argumentos a algunos expertos para poner en duda la calidad de los diagnósticos e incluso la existencia de la enfermedad. Entre los escépticos está nada menos que Frederick Wolfe, director de la Base de Datos Nacional sobre Enfermedades Reumáticas de Estados Unidos y director de un artículo publicado en 1990 que estableció las guías para diagnosticar la fibromialgia, quien hoy considera que los síntomas del trastorno en realidad corresponden a estrés, depresión y ansiedad económica y social.
Carlos Francisco Fernández, miembro de la junta directiva de la Federación Latinoamericana para el Estudio del Dolor, acepta la existencia de aquella entidad llamada fibromialgia, pero asegura que entre el 50 y el 60% de los diagnósticos no son acertados. "En este país la gente se enferma de lo que los médicos saben -dice Fernández con ironía-. Estamos metiendo en el mismo talego a muchas personas con dolor crónico sin tener claro si presentan o no fibromialgia y sin tener en cuenta que muchos cuadros presentan síntomas similares".
El viaje infinito
No son pocos los pacientes que tienen la sensación de que los médicos encontraron el nombre perfecto para los dolores a los que no les encuentran la causa: fibromialgia. A raíz de un dolor de espalda persistente, Mauricio Silva, de 39 años, comenzó un vía crucis de médico en médico que, al día de hoy, no ha terminado. El ortopedista atribuyó la molestia al desgaste de un disco en la quinta vértebra lumbar; el neurólogo a una eventual escoliosis; el psiquiatra a la ansiedad y el estrés; el bioenergético a "un profundo cansancio en el plexo del sacro"; un sanador aseguró que tenía "una entidad en su cuerpo", y finalmente un médico del deporte concluyó: "Esto tiene toda la pinta de ser fibromialgia". Resultado: ninguno. "Me han pinchado, me han dado opioides, me han recomendado ejercicio y hasta me han hecho masajes de bambuterapia y chocolaterpia, pero nada funciona -expresa Silva-. Los médicos están muy despistados con este tema: dan pepas para quitar el dolor, pero no para curarlo".
El ámbito médico reconoce que a pesar de los avances en los años recientes, muchos aspectos del dolor crónico -y en particular de la fibromialgia- aún le quedan grandes. Por eso los pacientes pasan con asombrosa facilidad -y no muy distante efectividad- del brujo al médico especialista. Sin embargo, John Jairo Hernández, presidente de la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor, asegura que hoy día los criterios para diagnosticar la fibromialgia son muy claros, así como algunos mecanismos que la producen. "Efectivamente, es una enfermedad que se diagnostica después de descartar otras, pero eso no es un argumento para negar que existe -asegura Hernández-. Aunque muchos dicen que su origen es psicológico, la experiencia nos dice que existen pacientes que realmente la sufren y que realmente mejoran con medicamentos. Por supuesto, no todos responden igual".
Algunas investigaciones ya están en curso para conocer más a fondo la enfermedad. En España, por ejemplo, se puso en marcha la creación de un banco que recogerá 4.000 muestras de sangre de personas que padecen fibromialgia o fatiga crónica para establecer las variaciones genéticas que las producen. Será una oportunidad de oro para conocer las bases biológicas de estas dos patologías.
Mientras tanto, el recurso más recomendado contra el dolor crónico seguirá siendo el tratamiento multidisciplinario, que incluye terapia física, psicológica y farmacológica. Quizás su efectividad reside en el hecho de que es como disparar con perdigones, pero, después de todo, a algo le pega.
LA VUELTA DEL VÁLIUM
Investigadores de la Universidad de Zúrich (Suiza) encontraron que medicamentos de la familia del válium podrían ser útiles para aliviar el dolor crónico. Los científicos buscaban establecer por qué estos medicamentos no son buenos calmantes a pesar de actuar en las zonas cerebrales donde se percibe el dolor. En experimentos con ratones encontraron que éstos actuaban sobre tres receptores distintos en el sistema nervioso: los alfa uno, los alfa dos y los alfa tres.
Tras suministrar los medicamentos a ratones genéticamente modificados que tenían solo uno de estos receptores, los investigadores descubrieron que en los alfa uno eliminaban casi por completo el dolor. En los alfa dos y alfa tres causaban sedación, somnolencia y requerían una dosis cada vez mayor.
Para complementar el estudio modificaron la molécula del medicamento (la denominaron L-838417) para que solo actuara sobre los receptores alfa 1 y la aplicaron, a través de un catéter, en la médula espinal de los roedores. Los resultados fueron un éxito, según el artículo que publicaron en el último número de Nature.